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No se recuerda un arranque de campeonato tan flojo en los últimos años. Partidos latosos, fútbol defensivo, poco espectáculo, partidos aplazados, canchas malas, arbitrajes dudosos, poca gente en las tribunas.
El virus de los técnicos amarrados que no quieren arriesgar y que se encargan de pregonar que el fútbol no es para dar espectáculo, que el que quiera divertirse tiene que ir al teatro, léase Gerardo Pelusso, está imperando, y el público en las canchas o ante los televisores está advertido de que lo único importante es ganar, olvidando preceptos elementales como intentar compensar el valor de la boleta y que el fútbol entra por la retina.
El Medellín ataca una sola vez en el partido contra el débil Tuluá, marca un gol por intermedio de Burbano, y Leonel, impregnado de un miedo que no se le conocía, saca al anotador para meter un defensor, excluye a su atacante Caicedo y termina defendiéndose durante 45 minutos, en una presentación pobre, desangelada, que lleva más frío que calor a los 25.000 que asistieron al estadio no sólo a ver ganar a su equipo sino a divertirse.
Patéticos Rubén Israel y su Millonarios. Jugó al ataque en el primer partido, ganó y dejó la semblanza de un equipo que podría satisfacer el paladar del hincha azul. Y después, todo defensa, todo mezquino, todo medidito, como para dejar en claro que tiene ideales diferentes a los del alegre e idealista Lunari. Pero se olvida el técnico uruguayo de que tan desequilibrado es quien se defiende 70 minutos tras un golcito de penalti como quien no cierra filas y se regala en cada contragolpe. Vikonis ya no es el ángel salvador, pero arriba los goles son de pena máxima porque no hay elaboración, volumen de juego, secuencia de pases, fútbol colectivo. Millos tiene ocho puntos, a uno de los líderes, pero aburre terriblemente y así terminará alejando al hincha del estadio.
Y como los aficionados de Santa Fe quedaron advertidos de que el estadio no es el teatro, ni el cine, no asisten a ver a su equipo en Copa Libertadores, donde Pelusso soltó amarras, liberó ofensivamente a sus dirigidos, pero no pudo concretar la victoria y, como bien lo dijo el técnico, se perdieron dos puntos. Sí, se defienden muy bien, montan buenos bloques de presión, pero no divierten.
Son sólo tres casos rápidos. Los técnicos amarretes están de moda y el nivel del fútbol es paupérrimo. Los chicos porque no tienen con qué y los grandes porque no quieren.