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El atractivo del pesimismo

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“A pesar de la evidencia de que las cosas están mejorando para la mayoría de la gente, el pesimismo no solo es más común que el optimismo, también suena más inteligente”, sostiene Morgan Housel, un analista de temas financieros estadounidense que escribe en The Motley Fool.

Los extranjeros no entienden el pesimismo frente a un eventual acuerdo de paz por parte de algunos sectores en Colombia. Les parece extraño, cuando la alternativa es continuar la guerra de 50 años, así el país urbano haya podido prosperar en medio del conflicto. No entienden cómo una sociedad puede llegar a preferir aprovecharse de la muerte de miles de jóvenes humildes para asegurar estabilidad política, en lugar de hacer reformas, como hacen todas las clases dirigentes para mantener el statu quo.

Dice Housel que desde hace 150 años John Stuart Mill sostuvo que “el hombre admirado por muchos no es el que tiene esperanza cuando otros sienten desesperanza, sino el que tiene desesperanza cuando otros sienten esperanza”. Y que Matt Ridley escribió que “si dices que el mundo ha ido mejorando, puedes ser llamado ingenuo o insensible”. Que el inversionista optimista tiende a ser visto como un porrista irresponsable, mientras que el pesimista suena a una mente afilada que investiga más allá de los titulares.

Housel plantea algunas razones sobre el atractivo del pesimismo. La primera se debe a la evolución: sobreviven más los organismos que tratan con mayor urgencia los riesgos que las oportunidades.

La segunda es que los optimistas parecen insensibles a los riesgos, así sean tan conscientes de ellos como los pesimistas, pero consideran que las amenazas representan unos capítulos y no el libro completo. Los optimistas y los pesimistas tienden a ver las cosas en marcos de tiempo distintos, y tienen niveles de resistencia diferentes. Los optimistas tienden a ser menos inseguros que los pesimistas en su capacidad de resolver dificultades.

Tercera, el pesimismo muestra que no todo va en la dirección correcta, algo con lo que la gente puede identificar sus dificultades personales. Es reconfortante pensar que situaciones fuera de nuestro control pueden ser la causa de nuestros problemas. Como dice el dicho: “la miseria ama la compañía”. Cuarta, el pesimismo requiere acción y esta llama la atención, mientras que el optimismo implica continuidad, que no es noticia.

Quinta, el optimismo suena a venta mientras que el pesimismo se parece a alguien tratando de ayudar. Sin embargo, el pesimismo es uno de los instrumentos claves del populismo, pues permite manipular por medio del miedo o la rabia. Aún el populismo promesero parte del pesimismo sobre el curso actual de las cosas. Sexta, los pesimistas predicen con base en la realidad del presente, pero esas realidades cambian y, sobretodo, los hombres y las sociedades tienen capacidad de apaptación.

Los pesimistas son necesarios, pero pueden ser destructivos, especialmente porque tienden a ver positivamente solo lo que hacen ellos o les conviene. Igualmente, los optimistas pueden pecar de positivismo, pero son los que construyen y transforman. Avanza y es más feliz una sociedad optimista, que entiende sus dificultades como retos y no como tragedias.

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