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Meses antes de que Gustavo Petro llegara al poder, el 7 de agosto de 2022, en el sector del deporte había muchas dudas. Principalmente, porque durante la campaña presidencial las propuestas de los candidatos con respecto a este sector habían sido nulas. El tema no fue un eje fundamental en ninguno de los programas de gobierno puestos en contienda y el futuro de la cartera, creada durante el gobierno de Iván Duque y una de las pocas banderas durante sus cuatro años como presidente, parecía a la deriva.
El nombramiento de María Isabel Urrutia como cabeza del ministerio, no obstante, cayó muy bien en una parte del sector que reclamaba haber sido excluida durante años: los deportistas. Incluso, la entrada de la nueva ministra llegó después de la petición de decenas de atletas, algunos medallistas olímpicos —como Mariana Pajón o Diego Salazar—, que le pedían al gobierno la inclusión de la expesista a su gabinete, como una forma de saldar esa deuda y de escucharlos como parte importante de la cartera.
Urrutia, aunque hubo voces también de alarma, representaba un buen perfil para el ministerio. Era, por un lado, una deportista consagrada, que conocía, no solo la estructura del alto rendimiento, sino también las dificultades que los atletas colombianos tienen para llegar a la élite. Obstáculos que ella misma tuvo que superar para salir adelante y que le permitieron llegar a ser campeona olímpica. Pero, además, había sido una mujer con recorrido y experiencia política, con paso por el senado de la República, así como también por el Instituto de Recreación y Deporte (IDRD) de Bogotá.
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Con el anuncio oficial en el ministerio del Deporte, muy cerca de la posesión del presidente hace un año, la propuesta del nuevo gobierno para este sector se clarificó. Según Urrutia, y el mismo Gustavo Petro, el objetivo de la cartera estaría encaminado, en palabras vagas, a la democratización del deporte. La tarea de la nueva ministra sería formular políticas públicas encaminadas a conectar Colombia desde las prácticas deportivas. Una política en pro al acceso equitativo del deporte en todas las regiones del país, en la “Colombia profunda”. El ministerio, más allá de enfocarse en la parte competitiva o en el alto rendimiento, tendría otro enfoque, uno garante en cuestión de derechos de acceso, oportunidades y formación. Se proponía una labor de trabajo mancomunado con otros ministerios, como el de Cultura o Educación.
No obstante, el idilio se rompió demasiado pronto. María Isabel Urrutia salió en el primer remesón ministerial de Petro y, para colmo, de la peor manera, bajo sospecha de corrupción en los escasos seis meses que estuvo enfrente de la cartera. A diferencia de los otros ministros salientes, como Alejandro Gaviria en Educación o Patricia Ariza en Cultura, justo los dos sectores más cercanos al de deporte en el marco político del nuevo gobierno, la excampeona olímpica, según el presidente, salió del gabinete por “actuaciones indelicadas”.
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Al parecer, en hechos que están siendo investigados, Urrutia fue imputada por la Fiscalía por supuestas irregularidades en 106 contratos de prestación de servicios, firmados en “corto tiempo” y justo después de ser despedida por el presidente. Pero, incluso antes, y eso habría sido lo que precipitó su salida, la exministra ya había sido señalada por haber participado en aparentes contrataciones indebidas en millonarios contratos relacionados con la regulación biométrica para entrar a los estadios. Hechos que, no obstante, todavía están por comprobarse. Y aunque María Isabel Urrutia sigue defendiendo su inocencia, la sombra de su paso por el ministerio del Deporte ha sido uno de los cuestionamientos más fuertes en el primer año de gobierno de Gustavo Petro. De hecho, en la audiencia contra Nicolás Petro y Daysuris Vásquez, el nombre de la exatleta volvió a sonar, luego de que fue relacionada por la Fiscalía en supuestos nuevos hechos de corrupción que todavía se desconocen.
La llegada de Astrid Bibiana Rodríguez y el norte del ministerio del Deporte
Por fortuna, el ministerio del Deporte no corrió la misma suerte que otras carteras como la de Cultura, que estuvo durante meses sin cabeza. Todo lo contrario, inmediatamente, tras la turbulenta salida de María Isabel Urrutia, Gustavo Petro encontró reemplazo: Astrid Bibiana Rodríguez.
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Directamente, desde la Universidad Pedagógica, con experiencia —en la teoría y en la práctica— en la formulación de políticas públicas enfocadas a la actividad física, y docente e investigadora de educación física, una voz respetada en la materia, Rodríguez llegó a calmar las aguas de un ministerio convulsionado.
En entrevista con El Espectador, una vez fue nombrada, la nueva ministra defendió las ideas del gobierno ya expresadas por su predecesora. “Buscamos fortalecer el fomento al deporte. Todo lo relacionado con deporte social y educación física. La huella que quiero dejar como ministra es equilibrar la balanza entre el deporte de alto rendimiento y la formación, esa es otra perspectiva que busca el bienestar para toda la población”, aseguró Rodríguez a su llegada.
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“Intentaré hablar menos y hacer más. Buscaré que el fomento en los territorios tenga mayor visibilidad porque no es que no se haga. Necesitamos empezar a pensar la formación deportiva no solo en términos de rendimiento, sino también desde la educación física y con las especializaciones de cada deporte que permiten esa cadena hacia el alto rendimiento. Lo ha dicho el presidente: el alto rendimiento es producto de la formación. No puede seguir siendo producto solamente del esfuerzo de muchas familias para sacar a sus hijos adelante”, fueron algunos de los compromisos y metas que se puso la ministra tras su llegada, hace cinco meses.
Los problemas y heredó la nueva ministra del Deporte
Aunque, por su trabajo más enfocado en la investigación que a la vida política, su nombre no era muy conocido en el sector, Astrid Bibiana Rodríguez llegó con la difícil tarea de sanear el ministerio.
De hecho, a pesar de que se suponía que, por su cercanía, María Isabel Urrutia tendría una relación fuerte con los deportistas —uno de los principales motivos que la llevó al gabinete—, pasó todo lo contrario. De hecho, los mismos que un día la pidieron, al otro la criticaron (con justicia). Deportistas como Mariana Pajón, o el paranadador Carlos Serrano, se quejaron de la repentina falta de apoyo del ministerio, pues aparentemente para competir, en pleno camino a los Juegos Olímpicos de 2024, les había tocado autofinanciar sus competencias internacionales. Y eso, advertían los deportistas, en su caso, en el que ellos podían financiar sus viajes internacionales, pero: ¿qué pasaba en el caso de los atletas que no contaban con los recursos?
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Terminó descubriéndose, en medio de la salida de Urrutia, que, por política de la antigua ministra, la cartera supuestamente cortó la financiación de entes como el Comité Olímpico Colombiano (COC), el encargado, hasta entonces, de girar parte del dinero a las diferentes federaciones deportivas. Decisión que llevó, por un lado, al quiebre de relaciones entre el COC y el ministerio, y, por el otro, a una profunda desorganización en el reparto de esos recursos, que no le estaban llegando a los deportistas.
Además de todos los líos en la contratación, a la nueva ministra también le tocó enmendar ese problema tras su llegada. Y, en medio del caos, no fue el único asunto pendiente por revisar. También, aunque esa fue sobre todo una herencia negativa del anterior gobierno, Rodríguez tuvo que asumir los atrasos en los Juegos Nacionales, que deben desarrollarse este año. Un problema urgente que todavía tiene en aprietos a la cartera, que avanza contrarreloj para cumplir con todos los escenarios prometidos para el evento que se desarrollará en el Eje Cafetero.
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De hecho, el trabajo de la ministra ha estado bajo escrutinio de la Procuraduría, la Contraloría y el Congreso de la República, pues los atrasos en las justas ponen en peligro parte de la inversión de la nación, que fue de $300.181 millones, además del daño deportivo a cientos de atletas que se preparan para los juegos.
A pesar del panorama complejo, y aunque no le quedaba de otra, Astrid Bibiana Rodríguez se ha hecho cargo del problema. De hecho, tras meses de un panorama poco alentador, el ministerio, ante la atenta mirada de los entes reguladores, ha dicho que los juegos saldrán adelante. “Damos seguridad de que los Juegos Nacionales se quedan en el Eje Cafetero. Nuestro ‘plan B’ fue sustentado y la infraestructura, de alguna manera, ya está lista para que las justas se realicen en la región”, explicó en su momento la ministra.
Es un dolor de cabeza extra para la ministra que, por andar resolviendo problemas que le dejó Urrutia ha tenido poco tiempo para ejecutar el plan de acción con el que llegó al puesto. Algunos de los funcionarios de su cartera critican su falta de gestión y la excesiva prudencia para ejecutar acciones y autorizar gastos. Tendrá en esa cita del Eje Cafetero su primera gran prueba en el cargo. De lo que pase en los Juegos Nacionales dependerá en gran parte el destino del ministerio.
El balance general lleva a la incertidumbre
En el Deporte es difícil hacer balances porque, para la agenda nacional, las políticas públicas en esta materia no son de primer orden. Como en cualquier cartera, los resultados de las programas aplicados, en este caso los ideales de democratizar las prácticas deportivas, mejorar las oportunidades y el acceso de toda la población, se verán muchos años después. Y en lo inmediato, los resultados del presente, como la infraestructura o los logros en competencias deportivas, son juzgados como consecuencia de políticas aplicadas en anteriores gobiernos, difíciles de achacar a las nuevas directrices.
El gobierno de Gustavo Petro, en materia deportiva, tiene el reto de estabilizar la cartera, terminar de solucionar los problemas generados en meses por su propia gestión y compaginar esos dos aspectos: mantener políticas que han llevado a Colombia a tener gran figuración en eventos como los Juegos Olímpicos y, a su vez, crear escenarios sociales en los que el deporte se pueda entender como un agente transformador.
Sin embargo, tras su primer año de gobierno, el ministerio del Deporte ha estado en el foco, sobre todo, por las actuaciones indebidas de la exministra, el remesón ministerial en el que esta cartera fue la principal protagonista. Más allá de los escándalos, ha sido un espacio político sin peso. Era el escenario que se vio en la contienda electoral, y el que despertaba tantas dudas, un sector de segundo plano, apartado de las reformas y el interés nacional. Lo alarmante, y lo que más incertidumbre despierta, es que, un año después de posesionado el gobierno, en materia deportiva, en lo horizonte hay pocos indicios de cambio.
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