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Con una semana cargada de movimientos bruscos en el mercado de capitales se pueden inferir que gran parte de la turbulencia económica mundial, aún no se estabiliza.
A finales de la semana pasada veíamos como el petróleo volvía a bajar por debajo de US$27 y como consecuencia de ello la economía colombiana volvía a padecer las consecuencias con el incremento de la TRM. Por su parte, la debilidad de los bancos europeos, en especial del Deutsche Bank alemán, sufría una de sus peores disminuciones de su título, al punto de recomprar su deuda de largo plazo para evitar una caída en picada.
Más allá de analizar cuáles son las causas raíces de la situación actual y de cuáles serían las soluciones, lo cierto es que todo parece indicar que estamos lejos de la estabilización económica mundial. En el caso de las entidades financieras europeas, la situación no es halagüeña. No se sabe en realidad qué podría pasar en esta semana, sobre todo cuando se conozca la calidad de la cartera y de su calificación de riesgo. Esperemos que no estemos hablando del mismo caso de 2008 ocurrido en los Estados Unidos. Por su parte, el rebote del precio del petróleo parece estar más lejos de lo esperado. El cambio de tendencia dependerá, claramente, de qué tanto aguante tendrían las compañías petroleras no convencionales (productoras a través del fracking) gringas. Así las cosas, cuanto más producción exista más tendencia bajista veremos. La única manera de que esta tendencia cambie dependerá de los acuerdos geopolíticos que lleven a una regulación de la oferta.
En el caso colombiano, todo parece indicar que la génesis de la inestabilidad económica es la dependencia del commodity negro. Sin embargo, no debemos perder de vista los efectos colaterales derivados de esta dependencia nefasta. Uno de ellos es entonces la revisión constante de la cartera vencida, en especial de las empresas petroleras y de quienes dependan de esta industria. Con las medidas de austeridad de las petroleras internacionales asentadas en Colombia, no sólo se está limitando el crecimiento económico en la industria sino que también comienzan a vislumbrarse efectos colaterales en las empresas, negocios y familias que están embebidas en esta industria. Qué tanto riesgo representa la cartera vencida de quienes dependan de la industria petrolera, es pues el interrogante a resolver.
En el caso americano por ejemplo, la industria petrolera no convencional (fracking) está al borde de la quiebra. Pero el problema claramente no es lo que le pueda pasar a dicha industria sino los efectos colaterales que este descalabro pueda generar para la economía gringa. La situación es especialmente difícil si la FED sigue con la idea – a mi gusto absurda – de seguir subiendo las tasas de interés pues esto no sólo desincentiva el consumo sino que acelera el riesgo de la inminente quiebra del sector. Todo parece indicar que quienes viven de esta industria en la unión americana no sólo les afectará su ego por no haber hecho del fracking un éxito sino que se verán envueltos en una quiebra que se llevará por delante muchos negocios y familias dependientes del sector. Con ello se espera un incremento de la cartera vencida o deteriorada, la que afectará necesariamente a las entidades financieras y a los tenedores de bonos de deudas de esta industria.
Similar al caso gringo podría llegar a ocurrir en Colombia. Parte de la solución tendría que ver con la rapidez con que las compañías y las personas naturales y jurídicas se puedan diversificar a fin de evitar la insolvencia, la que seguramente tendrá sus efectos colaterales en la economía. Amanecerá y veremos… dijo el ciego.