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La tormenta política por la “asesoría” del expresidente Álvaro Uribe a la oposición venezolana, con sus instrucciones de cara a producir un manifiesto de inconformidad antes de la cumbre —prevista para este lunes en Caracas— entre el presidente Juan Manuel Santos y su homólogo en el vecino país, Hugo Chávez, arreció ayer y los efectos políticos traspasaron la frontera común.
La fórmula de Uribe, según él enmarcada en la defensa de los principios democráticos, apunta a generar una reflexión pública sobre qué debe ser más importante en las relaciones entre los dos países: defender una economía de US$800 millones (de la deuda de Venezuela a empresarios colombianos) o propugnar por los valores democráticos. En esa medida, Uribe invitó a la oposición venezolana a pronunciarse en torno a esta idea, mientras él hace eco desde Colombia.
“Estoy preocupado por el Gobierno de Colombia frente a Venezuela (…) si yo estuviera en la plaza pública diría: el chavismo no le va a creer al presidente Santos. Los marxistas son sabios para saber cómo utilizan a la gente sin creerle; cómo ponen a sus adversarios al servicio de su causa; cómo vuelven a la gente, por algún interés, idiota útil. Aquí todo paso hay que medirlo en función de que ustedes ganen”, dijo el exmandatario durante un encuentro el jueves pasado, en Bogotá, con miembros de la oposición venezolana, entre ellos el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, según reveló el noticiero CM&.
Pero, incluso, Uribe le echó ayer más leña al fuego al reforzar su idea a través de un mensaje en Twitter: “Los valores democráticos no tienen precio, deben promoverse en todas partes. Hay dictaduras consolidadas por la equivocada complacencia de gobiernos democráticos. Una de ellas no pudo someternos a través del comercio”, escribió. Y las reacciones a su fuerte postura no se hicieron esperar.
Por los lados del Gobierno, aunque sin hacer alusiones directas, el vicepresidente Angelino Garzón fue el primero en contestar. “Somos respetuosos de los estados y de las decisiones democráticas de los pueblos sobre quiénes deben ser sus gobernantes, porque las relaciones internacionales no se pueden basar en las afinidades ideológicas o partidistas de los gobernantes de turno”, declaró durante un debate sobre gobernanza y derechos humanos en la Academia Colombiana de la Lengua.
Y agregó: “Queremos reiterar que la voluntad política del presidente es fortalecer cada día más y de manera integral las relaciones con todos los países, incluyendo los de la región y, por supuesto, con Venezuela y su Gobierno, con quienes compartimos 2.300 kilómetros de frontera común, y esta realidad nos obliga a entendernos y a mantener relaciones de cooperación”. Pidió también “defender la institucionalidad que descansa en la figura del presidente de la República”.
Ya por fuera del Ejecutivo, el expresidente Ernesto Samper calificó de “insólita” la postura de Uribe y advirtió que “una cosa es que uno se reúna con políticos de otros países, así ellos no estén en el Gobierno —y eso es válido— y otra cosa es incitar a rebelarse, enturbiar o desconocer la política que el presidente Santos ha venido desarrollando de acercamiento con su homólogo de Venezuela (…) alguien le debería recomendar al expresidente Uribe que se tome unas vacaciones”.
Posición compartida por el excanciller Guillermo Fernández de Soto, quien cree que definitivamente no es conveniente que desde Colombia se envíen mensajes políticos sobre Venezuela días antes de un encuentro entre los presidentes Santos y Chávez: “Lo malo es que desde aquí se pretenda hacer oposición. Eso no es conveniente”, recalcó Fernández de Soto, dejando en el ambiente una gran incertidumbre sobre los efectos de las palabras de Uribe en el vecino país.
Efectos que, por las reacciones conocidas ayer, parecen ser contraproducentes para lo que esperaba el expresidente. Porque, si bien Eduardo Fernández, uno de los candidatos de oposición en Venezuela y quien participó de la reunión con Uribe, ha dicho que no hubo nada secreto y de lo que se habló fue de promover la democracia en el vecino país, para Ramón Guillermo Aveledo, catedrático que en la actualidad dirige la Mesa de la Unidad Democrática en oposición al gobierno de Hugo Chávez, los planteamientos del exjefe de Estado “tienen un fuerte sesgo de política interna colombiana que a nosotros no nos incumbe”.
“Si el expresidente Uribe, a quien hemos admirado y respetado, siente que debe criticar políticas del gobierno del presidente Santos es evidente que tiene legítimo derecho a hacerlo, pero le agradeceríamos, en nombre de ese interés en nuestra causa que ha demostrado, que no nos utilice a nosotros para hacer indirectamente oposición a la actual administración colombiana”, agregó Aveledo.
Lo claro es que hasta ahora, en lo que va corrido de los 16 meses de gobierno Santos, las múltiples manifestaciones de desacuerdo del expresidente Uribe habían sido hechas dentro del marco de la política interna, pero este nuevo hecho de discrepancia se produce en el contexto de la política exterior, que obviamente se sale del marco regular del debate colombiano. Ya se conocen los primeros efectos y es de esperar muchos más, teniendo en cuenta la coyuntura del encuentro Santos-Chávez, el lunes, y el ambiente electoral que se calienta en Venezuela.