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A pocos días del referendo sobre la independencia de Escocia, un sondeo da como ganador al sí. Es decir, la posibilidad de que la separación se produzca crece con el paso de las horas, ante un Londres con cada vez menos posibilidades de incidencia sobre el destino de los escoceses.
Según el Sunday Times, el 51% del electorado escocés votaría a favor de la independencia, aunque vale destacar que se trata de una ventaja estadísticamente mínima pues aún se sitúa dentro del margen de error. La cuestión radica en que hace más de un mes las encuestas daban al no como ganador, con una ventaja de más de 20 puntos.
Hasta ahora, los políticos que han promovido la idea de seguir vinculados al Reino Unido han apelado a la fortaleza económica y política de Londres, características que siguen siendo redituables para Escocia. En los últimos días, por ejemplo, ha ganado vigencia el argumento de que las amenazas terroristas podrían golpear más fuertemente a Escocia si se encuentra por fuera de la OTAN, y quienes promueven esta idea enfatizan el peso del presupuesto de defensa del Reino Unido y el apoyo del resto de países de la alianza transcontinental.
En el último debate en la televisión escocesa, el principal dirigente proindependentista, Alex Salmond, insistió en las consecuencias nefastas de la política neoliberal del Reino Unido, y la forma como las medidas de austeridad decididas por David Cameron constituían una forma de opresión contra Escocia. Además, la propuesta de Salmond va ganando adeptos porque se trata de un mensaje claro y contundente: Escocia cuenta con el potencial económico para vivir separada del Reino Unido. La campaña de los independentistas busca seducir al electorado con propuestas como la salvación del sistema de seguridad social, que corre el riesgo de ser privatizado, y una mayor asistencia por parte del naciente Estado independiente.
Entretanto, en el Reino Unido laboristas y conservadores trabajan de la mano para evitar la independencia. El expremier Gordon Brown, del Partido Laborista, es uno de los encargados de poner a funcionar la máquina del partido a favor del no. Se sabe que el laborismo será vital en la elección del 18 de septiembre, cuyo resultado podría alterar para siempre la historia de uno de los estados más estables y prestigiosos de Europa, y que reivindica ser uno de los orígenes de la democracia moderna, a propósito del sistema de pesos y contrapesos y las limitaciones al Ejecutivo.
Esta vez, por cuenta del respeto hacia la democracia y de un principio válido del derecho internacional, como es la autodeterminación de los pueblos, el Reino Unido enfrenta una de las pruebas políticas más complejas de su historia. Se trata de una tendencia que seguramente no se agotará en el escenario británico, y que puede replicarse en otras zonas de Europa donde la proyección de regiones es notoria y donde la crisis del Estado nación es inocultable.
*Profesor Universidad del Rosario