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“Lo que no quiero es estar a la vanguardia de este movimiento, porque sería crucificado”, dijo el presidente Juan Manuel Santos en entrevista, el pasado fin de semana, para el diario británico The Observer, poniendo sobre la mesa el debate sobre un tema tabú que muchos aceptan en privado, pero no admiten en público: la legalización de las drogas.
En el contexto de la necesidad de un replanteamiento global de la política en la lucha antidrogas —que según el mandatario debe ser liderado por los países desarrollados como mayores consumidores—, Santos aseguró estar preparado para llegar más allá de la legalización de una droga “suave”, como la marihuana, y estar abierto a debatir la liberalización de la cocaína: “Me gustaría hablar acerca de la legalización de la marihuana y más que la marihuana”, dijo.
Un asunto candente que Colombia asume sin prejuicios, como lo expresara el ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, ante la Cámara de los Lores en Londres, donde esta semana actuó, precisamente, como orador principal de un foro sobre la reforma a la política antidrogas. Exposición que dejó en claro la postura del gobierno Santos ante el mundo.
“Decisiones internacionales como la de levantar la prohibición al consumo —de una, varias o todas las drogas— no pueden tomarse de manera improvisada o con base en ideologías radicales que son tan equivocadas como aquellas a las que se oponen. Deben provenir, primero, de un acuerdo global que no ignore ninguna de las dimensiones del problema, pero sobre todo, respaldarse en estudios serios y objetivos sobre su verdadero impacto en los consumidores y ciudadanía en general, la real capacidad de los Estados —en particular los más pobres— para soportar una carga fiscal de ese tamaño y los efectos sobre la seguridad que podrían acarrear”.
La línea está marcada y de una manera definida. Eso sí, tanto Santos como Vargas Lleras recalcaron que en el debate sobre la legalización queda descartada cualquier acción individual de Colombia, incluyendo la de ser promotor de la iniciativa. Y que mientras una propuesta de esta envergadura no se abra paso, seguirán las acciones en todos los frentes en una lucha en la que es el país el que pone los muertos, mientras en Estados Unidos y Europa crece el consumo.
Por primera vez, desde la institucionalidad presidencial, Colombia encara el asunto de manera franca y directa. Una apuesta, si es que así se le puede llamar, arriesgada. Ya el viernes pasado, como era de esperarse, el expresidente Álvaro Uribe se fue lanza en ristre contra la posición del Gobierno: “El problema no se enfrenta por modas, un día se extradita y al siguiente se propone legalizar”; “legalizaron dosis personal, crearon microtráfico y aumentaron criminalidad”; “extraditamos 1.200 y ahora van a legalizar, qué juego tan peligroso con la ciudadanía”, fueron algunos de sus mensajes a través de Twitter.
A su vez, Libardo Botero, director del blog Debate Nacional del Centro de Pensamiento Primero Colombia, se pregunta: “¿Qué le puede esperar a un país que ha sufrido el flagelo del narcotráfico como ningún otro, pero que a la vez ha encarado con valor el reto y lo ha combatido con eficacia, cuando la cabeza del Estado declara perdida la batalla y aboga por la rendición incondicional, que no otra cosa significa la legalización? Un mensaje desmoralizador, devastador, para la población. Pero seguramente bienvenido por los traficantes”.
Porque lo que sí es claro es que Santos va más allá de la tesis que en febrero de 2009 plantearon tres expresidentes: César Gaviria, de Colombia; Ernesto Zedillo, de México, y Fernando Henrique Cardoso, de Brasil, cuando en un informe como integrantes de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia dijeron que la guerra contra las drogas, encabezada por los Estados Unidos había fracasado e instaron al presidente Barack Obama a considerar nuevas políticas, entre ellas la despenalización de la marihuana y el abordaje del consumo de drogas como un problema de salud pública. Sin embargo, mantuvieron la idea de perseguir y penalizar la producción y el tráfico.
Y hay que decir ‘más allá’ porque posteriormente, en el prólogo del libro Políticas antidroga en Colombia: éxitos, fracasos y extravíos, Gaviria aclara que despenalización no significa legalización: “Es infortunado que se hable tanto de legalización, porque esa es una expresión facilista y libertaria, que puede interpretarse como que las drogas no hacen daño, que no requieren controles o que la gente tiene derecho a hacerle daño a su salud. Ese planteamiento no tiene ningún futuro político, porque genera toda clase de fantasmas y temores”.
Para el expresidente, lo que requieren Colombia, Latinoamérica y los Estados Unidos no es legalizar las drogas, sino partir de la definición del consumo como un problema del sistema de salud y no como un delito. “Es el punto de partida de una buena política. Hay que investigar qué daño hace cada droga, cómo altera la conducta humana, qué tan adictiva es, cómo deben ser las campañas de prevención y cómo deben ser las campañas de tratamiento, en lo que se ha avanzado muchísimo en otras latitudes”.
Y tanto para Gaviria como para Zedillo y Cardoso, Colombia y México tienen toda la autoridad moral para solicitarles a Estados Unidos y Europa, de manera contundente, hacer un debate serio sobre un cambio en la política antidrogas. Y a ello es lo que apunta Santos, sabiendo que la palabra ‘legalización’ causa roncha y mortifica, teniendo en cuenta que además de lo político allí se cruzan conceptos de todo tipo, desde morales hasta los médicos, e incluso judiciales. Que siga el debate.
El controversial asunto de la legalización
‘‘La de la legalización es una política tan equivocada, tan radical, tan simplista y tan atractiva como el prohibicionismo”. César Gaviria, expresidente de Colombia.
‘‘Las sanciones contra la posesión de una droga no debe ser más perjudicial para una persona que el uso de la droga en sí”. Jimmy Carter, expresidente de Estados Unidos.
‘‘El consumo del adicto no es la fuente de recursos del criminal, son el consumo social y el microtráfico general”. Álvaro Uribe, expresidente de Colombia.
‘‘Después de más de 50 mil muertes hay que poner fin a una guerra perdida que nunca debió haber sido declarada. Y la legalización quizá sea la mejor opción”. Jorge G. Castañeda, excanciller de México.
Vicente Fox y su teoría de la legalización
El expresidente mexicano Vicente Fox fue uno de los primeros que hablaron de frente de legalización: “Debemos pensar en legalizar la producción, distribución y venta de las drogas. Legalizar, en este sentido, no quiere decir que las drogas sean buenas o no dañen a quien las consuman. Este no es el propósito, más bien tenemos que verlo como una estrategia para golpear y romper la estructura económica que les permite a las mafias generar enormes ganancias en su comercio que, a su vez, les sirven para corromper e incrementar sus cotos de poder (…) nunca estrategias de prohibición radical han funcionado. Hoy, formar ciudadanía y hacer responsable a cada parte de sus actos y al gobierno de sus obligaciones constitucionales es el camino de la democracia y la libertad”.