Publicidad

La desigualdad, problema complejo

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Que bueno fuera que, después de la visita del economista Thomas Piketty, se profundizara el debate sobre la distribución del ingreso y de la riqueza. Porque, si ese debate se diera, se apreciaría este problema en toda su complejidad y en los grandes desafíos que entraña.

Por ejemplo, varios analistas no parecen entender que los indicadores que se utilizan para medir la desigualdad, como el coeficiente de GINI o el elevado porcentaje del ingreso total que tiene el diez o el uno por ciento de la población, son efectos de múltiples orígenes, y no causas y, menos aún, instrumentos de política que se pueden ajustar alegremente según el deseo de los gobernantes.

Si un país como Colombia tiene un GINI muy elevado, o sea una pésima distribución del ingreso, es porque muy pocas personas tienen ingresos muy altos y muchas otras tienen ingresos muy bajos. Pero las razones por las que unos tienen mucho y la mayoría tiene poco ingreso no son, necesariamente, las mismas y, por lo tanto, las políticas para remediar esta situación son extremadamente complejas.

De acuerdo a un creciente volumen de estudios académicos muy serios, los bajos ingresos de muchísimas personas se explican porque llegaron al mundo en hogares disfuncionales, o porque sus padres no tuvieron educación, o porque no recibieron la atención y el cuidado necesario en los primeros años de vida, o no pudieron asistir a guarderías, o no tuvieron ni siquiera primaria o asistieron a colegios de pésima calidad o tampoco pudieron asistir a la universidad. En una sociedad como la nuestra, estas condiciones al nacer y en los primeros años de vida y la pésima calidad de la educación hacen que tengamos una bajísima movilidad social, razón por la cual el ingreso futuro de la gente está marcado, en una gran medida, por las condiciones en que se nace.

Naturalmente, estas condiciones se pueden y se deben corregir, pero, aún en el caso de que empecemos a tomar y a implementar todas las políticas correctas, los resultados no se van a ver de un momento a otro. Tomarán mucho tiempo, en el mejor de los casos una generación, muy seguramente dos, o sea unos 50 años. Hay que reflexionar, por ejemplo, en el esfuerzo, el tiempo y los recursos que se necesitan para mejorar la calidad de los colegios públicos y privados, comenzando con las escuelas de formación de los profesores y maestros.

Por supuesto, se puede también mejorar la distribución del ingreso gravando los ingresos más altos, pero los efectos de estas políticas sobre la desigualdad no son tan claros y evidentes en un país como el nuestro. Un estudio del Banco Mundial señala, por ejemplo, que el coeficiente de GINI en Colombia es prácticamente el mismo antes y después de impuestos y de transferencias monetarias, alrededor de 0,54, mientras que, en el Reino Unido, dicho coeficiente baja de 0,52 a 0,34. Estas cifras señalan que tenemos unas instituciones públicas y una economía política muy ineficientes para lograr resultados, como corregir la desigualdad.

Mejorar la distribución del ingreso exige, entonces, actuar sobre un sinnúmero de variables, pensar en largo plazo, pero también mejorar significativamente la calidad de nuestras instituciones. Tenemos que dar este debate para entender que este es un problema complejo, de múltiples y variadas causas y que escapa a políticas simples y apresuradas.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido