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—¿Y cómo va a celebrar este título mundial? —La verdad es que todavía no me la creo, aún no lo asimilo, no entiendo qué es lo que acaba de pasar y cómo va a cambiar mi vida a partir de este momento. La voz, temblorosa por de más, de este interlocutor al otro lado de la línea era la de Edwin Ávila, un ciclista —como casi todos en Colombia— hecho a pulso, que nació en Cali, se crió en Cartagena y se formó como deportista en Bogotá. En la habitación 319 del hotel Golden en la ciudad holandesa de Apelddorn, Ávila no paraba de recibir llamadas desde Colombia. Atendía una tras otra. Su técnico José Julián Velásquez conversaba con algunos, mientras Edwin colgaba en la otra línea. ¿Cuál era el motivo del alboroto en la concentración de la selección nacional de ciclismo? Edwin Alcibiades Ávila Vanegas acababa de coronarse campeón de la prueba por puntos del Campeonato Mundial de Pista, uniéndose a la lista de lujo que integran Martín Emilio Cochise Rodríguez (persecución individual en 1971), Marlon Pérez (prueba por puntos juvenil en 1994), Santiago Botero (contrarreloj individual 2002), María Luisa Calle (scratch 2005) y Fabio Duarte (prueba de fondo sub 23). “Sí, estoy contento, y aunque uno siempre sueña con un título mundial, esto es toda una sorpresa para mí, pues pocos días antes de viajar a Holanda me dijeron que corriera la prueba por puntos”, dice emocionado. ¿Tuvo algún presagio antes de la prueba, se sintió ansioso? Presagio el de mi padre, que fue el que me inculcó el gusto por el ciclismo. Él me dijo antes de viajar que se había soñado que yo iba a quedar campeón mundial en la prueba por puntos. ¡Y vaya que le salió! Pero ansioso no, yo soy una persona muy tranquila y segura de mis condiciones. Todo el viernes dormí y muy bien. Eso sí, le pedí a Dios que me ayudara y Él me respondió. ¿Qué se siente verse de primero y saber que está a pocas vueltas de cumplir un sueño dorado? Uno no se las cree. José Julián, mi entrenador, me gritaba, ‘eres campeón mundial’, y yo no le creía. No lo asimilaba. Faltando 20 vueltas, me dolían mucho las piernas, pero uno saca fuerzas de dónde no las tiene. Y sí que valió la pena ese esfuerzo final. De zapatos y algo más Esta historia con final feliz, claro, tiene un comienzo. Edwin nació en la ciudad de Cali hace 21 años, en el hogar de Alcibiades Ávila y Gabriela Vanegas, y sus tres hermanas mayores, Yuliet, Johana y Jackeline. El negocio de su papá, venta de zapatos al por mayor, llevó a la familia a vivir en Cartagena. Sin embargo, un robo que les hicieron y la quiebra total los obligaron a viajar a Bogotá a vivir con un tía, porque no tenía ni con qué pagar el arriendo. Ahora su padre vende zapatos, pero al menudeo, en un Renault 6 que parquea en la calle principal de Corabastos. La plata no abunda, cuenta Ávila, pero las deudas sí. “Yo soy un bendecido por Dios, porque gracias al ciclismo tengo una vida ahora más holgada, aunque quisiera tener más y poder ayudar a mi familia”, dice con tono de tristeza. Y la bendición del ciclismo le llegó gracias al empeño de su padre, quien fue ciclista aficionado en su juventud. Don Alcibiades lo levantaba todos los días a las cuatro de la mañana y lo llevaba a entrenar. “La verdad, a mí no me gustaba y me daba mucha rabia tener que madrugar, pero era tanto el empeño que mi papá le ponía, que lo hacía sólo por darle gusto”. Una vez se instalaron en Bogotá, en el barrio Britalia en la localidad de Kennedy, Ávila empezó a tomarles gusto a las bielas, pero su enamoramiento total le llegó a los 15 años, cuando compitió en un circuito por el Parque Simón Bolívar y lo ganó. “Ese día me dije ‘yo soy como bueno para esto’”. Y justamente ese día le echó el ojo un técnico cubano que en ese entonces entrenaba a los juveniles de la Liga de Bogotá y ahí se quedó. Comenzó entonces el rosario de títulos: nacionales, suramericanos, centroamericanos, boliviarianos, panamericanos y el cierre de oro, el mundial. Su asignatura pendiente Terminada su participación en el Campeonato Mundial, Ávila quiere concentrarse en su preparación para lograr un cupo a los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y paso a paso, o pedalazo a pedalazo, hilvanar la cristalización del sueño de su vida: correr con un equipo profesional y batirse como un león en el Giro de Italia, la Vuelta a España y el Tour de Francia. — Pues en realidad sigo sin saber cómo voy a celebrar, pero ya tengo ansias de llegar a Bogotá y ver cómo la gente me va a recibir. Tal vez así, sólo así, voy a comprender lo que acabo de ganar. Así se despide el campeón, el campeón del mundo.