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Las huellas dactilares de ‘Cano’

Este miembro del CTI verificó que uno de los cuerpos abatidos en combate, durante la impecable ‘Operación Odiseo’, era ‘Alfonso Cano’. Así pasó a la historia.

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Eliázar González Lerma es un negro espigado, alto y de contextura gruesa. Cuando se lo mira a los ojos siempre tiene una sonrisa marcada que acompaña con pasos lentos y largos. El sábado estaba entre los héroes de la ‘Operación Odiseo’. Allá donde el presidente dio los detalles de lo acontecido. En el Batallón José Hilario López, donde estaban los principales protagonistas de esta hazaña militar.

Es de Puerto Tejada (Cauca) y viste un overol negro que lo identifica como miembro del Cuerpo Técnico de Investigaciones, CTI. Lleva 21 años al servicio de la entidad. Reconoce que nunca se imaginó tener tan cerca al jefe de Estado y menos tener en sus manos, frente a frente, al jefe guerrillero más buscado de los últimos tiempos en Colombia.

Ahí estaba, con un estuche azul en su mano derecha, como si fuera su botiquín personal o quizá su trofeo más preciado, ignorado hasta ese momento por todos los medios de comunicación que inundaban con cámaras la base de aterrizaje del batallón donde se organizaba toda la logística para presentar oficialmente los detalles de la muerte de Cano.

Fue entonces, de súbito, cuando el presidente pidió que se lo reconociera, que él también era un héroe de la patria: el hombre que confirmó plenamente la identidad del número uno de la guerrilla. “Hubo muchos rumores desde la mañana de que habían dado de baja a Cano, lo cual no era cierto —dijo Santos—; a mí me preguntaron en Bogotá muchos periodistas. ‘Eso no es cierto’, no dije nada más. ¿Por qué no viene el miembro del CTI que confirmó las huellas? Hasta que él no nos dijera que ese individuo era Alfonso Cano, habría sido irresponsable por nuestra parte salir a decirlo”. El jefe de Estado pidió un aplauso.

Eliázar acudió al llamado, se ubicó al frente del presidente y le dio la mano, mientras le sonreía, sin voltear a ver las cámaras. Lo suyo no es el protagonismo. Juan Manuel Santos le dijo: “Le agradezco mucho, sinceramente. Usted pasará a la historia. Usted fue el que nos confirmó realmente quién era este individuo”. El curtido agente del CTI abandonó pronto el escenario.

Al término de la rueda de prensa el más buscado por los medios era Eliázar. Posando frente a las cámaras respondió una a una las preguntas, sin soltar ni perder de vista su estuche azul, ahí donde aún se encontraban las huellas dactilares de Alfonso Cano.

Eliázar fue una de las primeras personas que vio al jefe guerrillero después de que su cadáver fuera conducido a Popayán. Relató que el cuerpo presentaba tres impactos de bala. Uno en el cuello, otro en una de las piernas y otro en una de las manos. Dice que lo vio sin barba y por un momento dudo de que fuera él, porque lo había visto por televisión tantas otras veces que su fisionomía, en principio, le pareció ajena. Sin embargo, el cotejo de las huellas lo sacó de dudas. Este sí era Alfonso Cano.

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