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Si todo sale como se supone, Ucrania entrará en su primer día sin enfrentamientos armados en poco más de tres meses gracias a un alto al fuego que, se pondría dar en efecto al mediodía del viernes (tiempo ucraniano).
La revelación llegó de manos del presidente ucraniano, Petro Poroshenko, quien hizo el anuncio en medio de la cumbre de la OTAN que se celebra en Gales, Reino Unido, y a la que el mandatario fue invitado como el único líder de un país no miembro de la alianza para discutir la situación del conflicto ucraniano que, con cinco meses de duración, ha cobrado la vida de más de 2.500 personas.
El alto al fuego es en buena parte una jugada ideada por el presidente ruso, Vladimir Putin, quien el miércoles aseguró haber discutido un posible camino hacia la paz con su homólogo ucraniano en el que ambos líderes parecen estar de acuerdo. Putin, quien se encontraba en ese momento en una visita de estado en Mongolia, discutió un plan de siete puntos que permitiría desacelerar el rápido deterioro de la guerra en Ucrania entre el gobierno de Kiev y una disidencia armada que controla ciertos sectores del Este del país y que, al parecer, ha recibido ayuda militar de parte de Rusia.
Además de revelar la posibilidad de un alto al fuego, Poroshenko también aseguró que, si bien la OTAN no ha asistido militarmente a Ucrania (ni lo hará, según las discusiones de la cumbre en Gales), algunos países sí han entregado armamento de precisión a las fuerzas ucranianas. Poroshenko no precisó qué países han participado en esta operación que, al menos hasta el jueves, era un asunto que no había trascendido a la opinión pública.
Aunque todo indicaba que el camino hacia la paz parecía despejarse, al menos un poco, tanto Estados Unidos, como Inglaterra, expresaron sus dudas ante una iniciativa emanada de Moscú, gobierno al que responsabilizan en buena parte de la crudeza y extensión del conflicto en Ucrania.
El alto al fuego será anunciado oficialmente, si se da, al término de una ronda de conversaciones de paz entre representantes del gobierno ucraniano y los rebeldes separatistas, quienes se han reunido en varias ocasiones en Minsk, capital de Bielorrusia, para intentar ponerle fin a los enfrentamientos.
Ahora, si bien el alto al fuego parece un hecho, la paz sigue siendo un asunto más complejo, pues, en el fondo, lo que existe es una serie de diferencias políticas y culturales que, para solucionarse, requieren serias concesiones por parte del gobierno de Kiev, temas en los que quizá Ucrania no esté interesada en ceder demasiado.
Algunas de estas concesiones tienen que ver con entregarle mayor autonomía a las regiones del Este, que en su mayoría están integradas por una población étnicamente rusa y en donde el idioma oficial es, claro, el ruso. La repartición del poder incluiría la posibilidad de que los gobiernos regionales controlen sus propias fuerzas de seguridad, recauden impuestos e incluso lleguen a celebrar acuerdos para manejar sus relaciones comerciales y culturales con otros estados, particularmente con Rusia.
Además de esto, es posible que las negociaciones de paz incluyan la demanda, por parte de los rebeldes, de continuar controlando el territorio que han ganado en el Este, que incluye zonas con una intensa actividad industrial que le resulta vital, hoy más que nunca, a la golpeada economía ucraniana. No resulta claro cuál es la postura de Kiev ante este posible escenario.
A pesar de las intenciones de paz, la Unión Europea, impulsada de nuevo por países como Estados Unidos e Inglaterra, se apresta para incrementar el portafolio de sanciones económicas que le impondrá a Rusia y que, al parecer, afectaría duramente a compañías con nexos estatales en sectores como energía y defensa. Hasta el momento, el foco de las restricciones han sido instituciones financieras que son copropiedad del Estado.
Además de estas sanciones, que serían anunciadas por la UE el viernes, Francia también aseguró que suspenderá la entrega de uno de dos barcos de guerra a Rusia hasta que no se verifique el estado del alto al fuego propuesto en Ucrania.