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Combustible para el contrabando

La pobreza empuja a los habitantes de Maracaibo a vender en Colombia la gasolina subvencionada por Venezuela, que es la más barata del mundo.

El cierre parcial de la frontera comenzó el 11 de febrero, por iniciativa del gobierno de Nicolás Maduro. / AFP
El cierre parcial de la frontera comenzó el 11 de febrero, por iniciativa del gobierno de Nicolás Maduro. / AFP
Foto: AFP - George CASTELLANO

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El Impala modelo 79, una mole de latón con motor de ocho cilindros y una proa infinita que maneja Alexis entre Maracaibo y Maicao, no es el único que recorre la Troncal del Caribe, la carretera de dos carriles que une la capital del estado petrolero de Zulia, en el occidente de Venezuela, con Maicao, en Colombia. Es inútil contar cuántos coches de ese modelo u otros similares desandan la vía que bordea la fachada occidental del mar Caribe venezolano. A la procesión que viene de frente hay que sumar los que esperan para cruzar la carretera desde las calles perpendiculares, los que están aparcados en los solares de las viviendas precarias o los que quedan chamuscados entre las salinas y los matorrales densos de la vera del camino.

Los conductores no sólo llevan y traen pasajeros entre una y otra ciudad. En casi todos los casos son bachaqueros, el nombre que reciben quienes transportan y revenden productos subsidiados en Venezuela a precio de mercado en los países vecinos. Las enormes capacidades de los tanques de los carros —105 litros en promedio— permiten a los choferes conducir hasta cerca de la frontera para vender en promedio unos tres puntos (garrafas) de gasolina: unos 23 litros cada punto. Alexis está feliz. Aquí rige la ley de la oferta y la demanda y el precio del punto se ha incrementado al doble desde que el presidente Nicolás Maduro intensificó la vigilancia, el 11 de agosto.

En Maicao, los pimpineros (así se llama a los que venden combustible en envases) están parados en las esquinas de las calles 12 y 13 del centro de la ciudad. Alexis sólo tiene que bajar la ventanilla del Impala para escuchar las ofertas. “Veinticinco, el punto a veinticinco”, grita uno. Más adelante dice otro: “Veintiséis”.

Pero Alexis no está dispuesto a vender por menos de 28.000 pesos, así que responde: “Veintinueve, veintinueve”. Después de 15 minutos acepta los 84.000 pesos colombianos que le ofrece un cliente por tres puntos de gasolina. Por cada 23 litros vendidos Alexis se ha ganado 28.000 pesos (1.272 bolívares al cambio no oficial que se aplica en la frontera), con lo cual ha multiplicado por 570 la inversión que hizo en Venezuela. Esos mismos 23 litros le habían costado en Maracaibo 2,23 bolívares. El litro de gasolina está congelado desde hace 18 años en 0,097 bolívares.

El depósito del Impala ha quedado casi vacío, así que Alexis deberá reponer combustible según vuelva a cruzar la frontera. El viaje se repite, mientras el intenso tráfico lo permita, hasta que cierra la frontera. Alexis trabajó hasta hace dos años como escolta de un importante hacendado local, pero encontró en el bachaqueo una forma ser “independiente”.

Que los maracuchos (gentilicio de Maracaibo) sean contrabandistas es un fenómeno reciente. Desde siempre los indígenas wayuus han trasegado alimentos y productos desde y hacia Colombia. Hay una razón muy poderosa que explica el cambio. La inflación en Venezuela, como lo reconoce Gilberto González Millán, presidente de la Unión Empresarial del Comercio y los Servicios del Estado Zulia (Ucez), está acabando con el salario y el trabajo formal.

A esta coyuntura se suman las particularidades de la zona de frontera. Desde hace dos años el Gobierno limita a 42 litros diarios la venta de combustible a los vehículos particulares. A la sombra de esta medida, que ha encontrado mucha resistencia en las provincias fronterizas, ha florecido el negocio de la reventa de combustible fuera de las gasolineras, que permite subsistir al grueso de la población.

Los dos municipios que atraviesa la Troncal del Caribe son de los más pobres de Venezuela. En el municipio Mara, tres de cada cuatro habitantes viven en pobreza o pobreza extrema, según los datos del Instituto Nacional de Estadística. En el municipio de Guajira, el 70,4% de los pobladores son pobres y el 60% de las viviendas tienen servicios deficitarios. En Maicao, un empresario comentaba a este diario que, en medio de condiciones tan agrestes, los pobres sólo pueden sobrevivir bachaqueando.

Alexis cree que con cinco litros puede llegar hasta Maracaibo. Pero el denso tráfico altera sus cálculos. A 20 kilómetros de la segunda ciudad más importante de Venezuela, el Impala rojo comienza a perder velocidad. Con agilidad y precisión Alexis aparca el coche en un claro del camino. Después de revisar el filtro de la gasolina lanza una sentencia inapelable. Se quedó sin combustible.

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