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Bogotá fue escenario de un simulacro sin afán

No hubo accidentes ni contratiempos durante la jornada, que se inició cinco minutos antes de las 11 de la mañana.

09 de octubre de 2009 – 04:55 p. m.

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A las 11 en punto de la mañana del viernes, el secretario general de la Alcaldía, Yuri Chillán, salió del despacho del alcalde Samuel Moreno en el segundo piso del Palacio de Liévano y oprimió el botón que activaba la alarma de todo el edificio. Esa era la señal para que el personal lo evacuara y se dirigiera hacia la Plaza de Bolívar por la puerta más cercana, una ruta que conocían desde hace cerca de un mes. A Moreno le correspondió salir por la que desemboca en la Calle del Divorcio, a unos 30 pasos del Congreso de la República.

El Alcalde fue el primero en cruzar por esa puerta una vez se inició el simulacro. Vestía un chaleco amarillo. En el cinto portaba un radioteléfono y tres bolsillos de tela que se sujetaban de la pierna y la cintura. A su lado estaban los escoltas, y detrás de ellos Yuri Chillán, con el mismo atuendo. Moreno caminó rodeado de gente y de cámaras como si se tratara de una estrella de cine.

En ese momento, de la puerta del Palacio de Justicia, en otro extremo de la plaza, un río de gente se dividía en dos filas: una salía por la izquierda y otra por la derecha. Una gran cantidad de personas comenzaba a copar el lugar desde las cuatro esquinas, provenientes de los edificios circundantes. El Alcalde no se cansaba de responder preguntas. A medida que se dirigía hacia el frente del Palacio del Liévano decía que simulacros de esta clase resultan importantes para la ciudad, hablaba de los organismos de rescate, de la magnitud de la actividad y de las delegaciones internacionales.

Alejado de las declaraciones del burgomaestre, Yuri Chillán no despegaba la boca de su radioteléfono, un aparato —como diría más tarde— que estaba en la misma frecuencia con otros 49 como ése. A las 11:05 se escuchó “la evacuación está completa”, a lo que Chillán respondió: “Perfecto, gracias”.

“Todo ha estado tranquilo, lo veníamos planeando muy bien desde hace varias semanas”, comentó el secretario general minutos después, luego de exponer el contenido de los tres bolsillos de tela: una espoleta para romper vidrios, gazas, una linterna, bolsas para respiración artificial y agua destilada.

Samuel Moreno regresó al edificio en medio de saludos y flashes y bromas. La simulación había terminado y el Alcalde debía marcharse al Instituto de Recreación y Deporte, dónde emitiría el parte oficial de la actividad.

Simulacro en otro punto

A las 10 de la mañana, el centro financiero de la ciudad era todo normalidad: cielo azul, transeúntes despreocupados, vendedores en las esquinas. Parecía un viernes común y corriente, excepto por dos grupos de personas con chaquetas y chalecos de colores estridentes que se organizaban a la espera de la hora cero.

A las 10:55 sonó la primera alarma. Se esperaba que 32.000 personas evacuaran los edificios que desde la carrera quinta hasta la avenida Caracas configuran el centro neurálgico de las finanzas del país. Los oficinistas salieron sin afán. Bromeaban acerca de la hipotética emergencia, mientras los brigadistas y miembros de los grupos de emergencia daban indicaciones con megáfonos y carteles. Germán Lanceros, coordinador de las unidades de la Secretaría de Movilidad, desplegó a lo largo de la Avenida Chile a los 150 hombres que debían auxiliar a los organismos de atención de emergencias.

El cuerpo de la Policía Cívica que apoyó este simulacro en 12 puntos de la ciudad dio un parte de rotundo éxito. El edificio Avenida Chile, situado en la esquina occidental de la calle 72 con carrera séptima, fue evacuado en cerca de 15 minutos. Entre 4.500 y 6.000 personas debían salir en perfecto orden para reunirse en la calle 71A, donde el grupo de atención de emergencias del edificio había previsto el punto de encuentro.

Los brigadistas extendían las señales que anunciaban: pisos altos, pisos bajos, Naciones Unidas, Argos, Microsoft, etc. Cada coordinador tenía que llenar un censo con los nombres de los trabajadores del edificio que pertenecen a su dependencia y verificar así si éstos habían salido a salvo de la emergencia. Total, el simulacro de un terremoto de 6,2 en la escala de Richter en Bogotá fue eso, un simulacro en el que, según el Alcalde, 3,5 millones de bogotanos participaron y, de paso, salieron temprano a la hora de almuerzo.

“Bogotá se fajó”

Con estas palabras resumió el viernes el alcalde mayor, Samuel Moreno Rojas, el balance de la jornada. En una rueda de prensa que se realizó en el Instituto Distrital para la Recreación y el Deporte (IDRD), que funcionó como Puesto de Mando Unificado, dijo: “Creo que no existe una ciudad en el mundo en este tipo de simulaciones donde haya una participación tan activa. Bogotá demostró su civismo y su cultura”. La organización estuvo a cargo de más de 800 personas, se invirtieron $1.200 millones, 250 fueron los socorristas de 15 países que ayudaron en la actividad y hubo 700 voluntarios por Bogotá. En total, 3 millones 350 mil personas acudieron juiciosamente al llamado. El punto de mayor afluencia fue la Plaza de Bolívar. Allí, desde las 10 a.m., 350 funcionarios del Congreso hicieron parte del simulacro. “Nos faltó mayor información”, dijeron.

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