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La expresión del presidente Santos según la cual “en Unasur hace unos meses éramos los ‘patitos feos’; hoy somos presidentes…”, es una clara muestra de la forma radical en que han variado las relaciones internacionales del país luego de que el manejo dado por gobierno anterior había colocado a Colombia en un aislamiento regional. Además, hay que resaltar que sea Venezuela el país con el cual la canciller María Ángela Holguín logró el importante acuerdo para alternarse al frente del organismo. El manejo de filigrana realizado por la canciller ha permitido volver a entretejer una importante red de encuentros y la aclimatación de medidas de confianza que hoy le permiten al país entrar a jugar de igual a igual no sólo en el contexto hemisférico, sino ampliando su marco de acción a Europa y Asia.
Sin embargo no todo es un jardín de rosas. María Emma Mejía deberá emplearse a fondo y hacer gala de las reconocidas habilidades de negociación, maneras suaves y posiciones firmes que la acompañan, para poner a funcionar una organización que ha dado muestras en el pasado de su importancia, pero que al mismo tiempo fue señalada por su utilización con fines ideológicos. Es un hecho cierto que la situación política de la región ha variado en los últimos meses y que gobiernos como el de Chile, Colombia, Uruguay e, incluso, el Brasil de Dilma Rousseff, le están restando peso específico a la ideologización para potenciar la integración. La idea de una Unasur que no sea competencia, sino complementaria a la OEA y que no sea percibida como antinorteamericana, a pesar de que defienda los intereses de los países del sur, debe ser un norte claro en sus futuras actuaciones.
Unasur propició, bajo Néstor Kirchner, acciones urgentes frente a hechos como los de Bolivia en 2008, el levantamiento de la policía en Ecuador el año pasado y el acercamiento entre Juan Manuel Santos y Hugo Chávez. La Unión ya cuenta, además, con su partida de bautizo formal en la medida en que durante la reunión en Ecuador entró en vigencia el Tratado Constitutivo del organismo, compuesto por doce países. El paso siguiente será la confirmación en abril, por parte de los primeros mandatarios, de dicha designación en una cumbre que sostendrán en Venezuela. De ahí en adelante el balón queda en el campo de la nueva secretaria general, quien asume el reto de construir desde sus cimientos la infraestructura del organismo imprimiéndole un carácter que, si es acorde con sus anteriores realizaciones, se va a caracterizar por la eficiencia, la concertación y, muy especialmente, por la seriedad en el momento de asumir los nuevos retos que se vayan a presentar por el camino, sin olvidar que la búsqueda de la integración debe atender a la definición y puesta en práctica de políticas de seguridad tanto económicas como sociales.
De esta manera, los parámetros que ha formulado el presidente Santos con seguridad van a tener resonancia en Unasur, al decir que “nos va a permitir también promover aquellos aspectos de la región que para nosotros son muy importantes: la integración en torno a la energía, a la biodiversidad, al cambio climático, al desarrollo, a la lucha contra la pobreza; aparte, pues, de los aspectos políticos”. Por todo lo anterior no hay duda de que el momento es el indicado, María Emma Mejía es la persona idónea para llevar a cabo la tarea y los temas a considerar son los pertinentes. Buena suerte en su labor.