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La opción del federalismo

Esta propuesta sigue siendo parte de la agenda de Rusia en Ucrania, aunque su aplicación puede ser compleja y no solucionar el conflicto.

Santiago La Rotta
01 de septiembre de 2014 – 11:19 p. m.
Residentes de la ciudad costera de Mariupol muestran su apoyo al gobierno central de Kiev.  / AFP
Residentes de la ciudad costera de Mariupol muestran su apoyo al gobierno central de Kiev. / AFP
Foto: AFP - FRANCISCO LEONG

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“Francamente hablando, aparte de convertirse en una federación, no vemos otro camino para el desarrollo estable de Ucrania”. Las palabras son de Serguei Lavrov, ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, quien entre marzo y abril de este año se encargó de comunicar ampliamente cuál era uno de los principales intereses rusos en la crisis ucraniana, que en ese momento apenas era un fuerte movimiento de protesta en ciudades como Lugansk, Donetsk o Jarkov y que hoy se ha convertido en una guerra con más de 2.200 muertos (entre civiles y combatientes) que ha devastado buena parte del Este de Ucrania, así como estas dos primeras ciudades.

Los planes de Moscú no han cambiado fundamentalmente, al menos a juzgar por recientes declaraciones del presidente ruso, Vladimir Putin, quien aseguró que “la raíz de la tragedia, según mi visión, es la negativa de Kiev a entablar un diálogo político sostenido con las regiones del Este”. A continuación, Putin dijo que era momento de empezar conversaciones para discutir la soberanía de estos territorios, un pronunciamiento que luego fue aclarado por un portavoz del Kremlin, quien afirmó que la declaración del presidente se refería a otorgarle mayor autonomía para estos territorios, que seguirán formando parte de Ucrania.

La propuesta rusa en Ucrania consiste en que el gobierno central de Kiev ceda buena parte de su poder para convertir al país a una fuerte variante del federalismo, en la que las regiones tendrían la autonomía suficiente para decidir en cuestiones que van desde la recaudación de impuestos, pasando por el manejo de sus fuerzas policiales y la elección de sus gobernantes, hasta la posibilidad de hacer alianzas comerciales y culturales con países vecinos.

En marzo de este año, el primer ministro ucraniano, Arseni Yatseniuk, viajó a las regiones del Este para asegurarles a sus empresarios que la administración de Kiev estaba dispuesta a entregarles más poder a los gobiernos regionales, aunque no especificó esto exactamente qué significaba.

Desde entonces, los rebeldes de Donetsk celebraron en mayo un referendo para consultar si deberían separarse de Ucrania: la consulta fue exitosa en términos de votación, pero no obtuvo reconocimiento ni siquiera por parte de Moscú. Los rebeldes declararon independencia, solicitaron ayuda militar rusa y pidieron que estos territorios fueran anexados a Rusia.

Más allá del pedido de los rebeldes, cuya mayor facción es la autodenominada República Popular de Donetsk, la federalización de Ucrania presenta varios problemas.

El primero es que, en el escenario actual, un giro hacia el federalismo puede que no satisfaga los intereses de Rusia, que busca establecer lazos económicos profundos con una población que ve como suya y, a la vez, evitar la posible entrada de Ucrania como parte de la Unión Europea (UE). Recientemente, el gobierno del presidente Petro Poroshenko introdujo un proyecto de ley que buscaría revivir las aspiraciones de Ucrania de formar parte de la OTAN, por un lado, y, por el otro, evitaría que cualquier tratado (militar, político o económico) se interponga en el camino de una eventual entrada a la UE.

Otro de los inconvenientes de la federalización de Ucrania es la riqueza de las regiones del Este, que con un sector fuerte en temas como minería o industria militar continúan siendo buena parte del corazón económico del país. Mayor autonomía para estos territorios podría implicar menor desarrollo para otros con economías más frágiles. Ucrania es uno de los 10 principales fabricantes de armas en el mundo. Uno de sus mayores clientes es Rusia, paradójicamente, país al que le vende misiles para aviones de combate, aeronaves de transporte militar Antonov y piezas para motores de helicópteros de ataque. Al menos hasta la anexión de Crimea, en marzo de este año, este sector industrial registraba exportaciones mensuales a Rusia por valor de US$746 millones.

A medida que los combates entre fuerzas ucranianas y rebeldes separatistas se intensificaban en la localidad de Lugansk (en donde el ejército de Ucrania abandonó el aeropuerto luego de violentos enfrentamientos), comenzaba en Minsk, capital de Bielorrusia, una ronda de negociaciones para intentar llegar a un alto al fuego que permita la liberación de prisioneros en ambos bandos, el abandono de territorio ucraniano de armas y efectivos rusos, así como el patrullaje de la frontera en conjunto con monitores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, condiciones interpuestas por el gobierno de Kiev para retirar sus fuerzas de las regiones del Este.

slarotta@elespectador.com

@troskiller

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