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No hay peor ciego… que el que no ve oportunidades

Felipe Jánica
31 de enero de 2016 – 09:00 p. m.

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En las situaciones económicas desafiantes, como las que padece Colombia en la actualidad, es donde – normalmente – están las oportunidades.

Si bien es cierto el pesimismo se apodera de la vasta mayoría de la población, hay unos pocos que ven en ella oportunidades de crecimiento o al menos en hacer algo diferente.

La reciente decisión del Banco de la República con relación a la subida de 25 puntos básicos (0,25%) más en las tasas de interés – una verdad a gritos –, la esperanza de un rebote de los precios del petróleo, la correlacionada devaluación con el commodity negro y la consecuente inflación, son un caldo de cultivo para los pesimistas. Es aquí donde salen a relucir los pseudo oráculos que tratan de predecir lo que va a pasar con los fundamentales de la economía mundial y por supuesto la colombiana. Si bien algunos atinan y otros justifican por qué no atinaron, lo bueno de esto es que existe información disponible que permite, por lo menos, analizar tendencias de los subyacentes que mueven a la economía mundial y por supuesto la colombiana. Lo cierto de todo esto es que pareciera que hay una cortina de humo en lo que realmente es importante y es en cómo cambiamos el rumbo de la economía colombiana. Convencido estoy entonces que lo más prudente que debemos hacer en Colombia es en pensar diferente y buscar alternativas de negocios en sectores diferentes a los dependientes de los hidrocarburos.

Quizá la situación económica actual es lo que nos merecemos, no sólo por las actuaciones pasadas y por la ausencia de planeación estratégica de la economía. Esto porque en Colombia nos acostumbramos y no nos dimos cuenta que estábamos poniendo los huevos en una sola canasta es decir en los commodities o productos primarios, es decir aquellos que dependen de los recursos naturales renovables y no renovables. Es en estos sectores en donde se debería pensar de manera diferente. Por un lado para las empresas que están embebidas en el sector (productores o proveedores) deberían empezar por diversificarse y limitar la dependencia tan nefasta a que alguien más les controle sus precios de venta, pues éstos son determinados en el mercado internacional en el que poco o nada control se tiene.

Por otro lado y en el que veo existen oportunidades, están los emprendedores e innovadores. Éstos deben empezar por desarrollar ideas de negocios en sectores diferentes, por ejemplo en la industria y en los servicios (bienes secundarios y primarios).

En el caso de las compañías que han visto una disminución sustancial en sus ingresos producto de la desaceleración de la economía, especialmente aquellas que dependen de variables exógenas en la determinación de sus precios de venta, deben empezar por cuestionarse si tenían previsto o no tal situación. Afortunadas entones aquellas que previeron la disminución de sus ingresos producto de su planeación estratégica. Antagónicas a éstas las que no visualizaron el momento actual. Si bien es cierto al día siguiente los administradores son más inteligentes, la diferencia se marca en qué tan acertados fueron las empresas en su planeación estratégica; no obstante, que ésta no puede ser tan exacta. El asunto en cuestión es poder prepararse para momentos difíciles y qué tan cautos son los administradores y dueños al momento de hacer no sólo los presupuestos y pronósticos sino en los planes de largo plazo.

Por su parte, el Estado debe propulsar el emprendimiento y la innovación a través de mecanismos de incentivos económicos, así como facilitar el proceso de creación de empresas. La participación activa en el emprendimiento y la innovación por parte del Estado, facilitará la generación de nuevos emprendedores, los que a su vez se convertirán en multiplicadores de empleo y dinamizarán la economía, sobretodo en sectores diferentes a los dependientes de bienes primarios. En cuanto a la financiación de este tipo de proyectos, se podría pensar en las alianzas público privadas en donde existan incentivos tributarios para los fondos de capital semilla o inversionistas que le apuesten a proyectos de inversión en tecnología e innovación en sectores industriales y de servicios, ambos disruptivos.

Amanecerá y veremos.

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