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En Dallas jamás bajaron el póster de Dirk Nowitzki. Ya pasaron 13 años desde el día en el que el alemán le dio su primer título a los Mavericks, un campeonato que forjó el espíritu ganador de una ciudad, hasta ese entonces, poco acostumbrada a las victorias y las celebraciones.
Relativamente joven, la franquicia de los Mavs nació en los años 80 y solo tardó cuatro años en meterse a los playoffs. Sin embargo, hasta el 88 se metería en finales de conferencia y apenas en 2006 llegaría a una final a pelear por el título de la NBA.
En ese 2006, liderados por Nowitzki, los Mavericks se enfrentaron a Miami Heat y ganaron los dos primeros partidos de la serie de siete. Tan confiados estaban que, después del segundo encuentro, los directivos de la ciudad de Dallas empezaron a preparar el desfile de la victoria. Sin embargo, los Mavs desperdiciaron la ventaja y fueron superados por un espléndido Dwyane Wade, quien promedió 36 puntos en los siguientes cuatro partidos, llevando a los Heat al título.
La tusa de la dolorosa derrota fue superada apenas cinco años más tarde, cuando, nuevamente al mando del alemán, los Mavs llegaron una vez más a la lucha por el anillo.
En 2011, año en el que ganaría su único título de la NBA, la batalla sería diferente. Dallas no ganó de arranque y, tras los tres primeros partidos, empezó remando desde atrás. Con un 2-1 en contra, otra vez contra los Heat, era previsible pensar que el trío de estrellas de Miami (LeBron James, Dwyane Wade y Chris Bosh) se llevaría el campeonato y Dallas se quedaría en la eterna espera de la victoria. No obstante, ahí apareció el espíritu de los Mavericks, al que se aferra este año en medio de la final de la NBA que va perdiendo 2-0 contra los Celtics de Boston.
El héroe de esa final fue Dirk Nowitzki, fundamental en la remontada. Tras una sólida temporada regular, el equipo llegó a las finales como tercer clasificado en el Oeste con un registro de 57-25. Durante los playoffs, Nowitzki lideró a los Mavericks con actuaciones excepcionales. En la primera ronda, vencieron a los Portland Trail Blazers 4-2, y en las Semifinales de Conferencia, Nowitzki fue clave para barrer a los bicampeones Los Angeles Lakers 4-0. En las finales de conferencia, Dirk continuó su dominio, guiando a su equipo a una victoria en cinco juegos contra el Oklahoma City Thunder. La motivación de enfrentar nuevamente al Miami Heat, quienes les habían ganado en 2006, impulsó a Nowitzki y a sus compañeros.
El alemán mostró su grandeza y empezó a escribir su leyenda desde el segundo juego, empatando la serie con una actuación estelar respaldada por sus compañeros Jason Terry y Shawn Marion. La se trasladó a Dallas y los Mavericks enfrentaron una situación crítica al caer nuevamente en el tercer partido. La derrota en casa hacía prever un panorama gris. Sin embargo, Nowitzki lideró una remontada impresionante, empatando la serie 2-2. En el quinto partido, con una actuación de 29 puntos, Dirk llevó a su equipo a una victoria crucial, tomando la delantera 3-2 en la serie. En el sexto y decisivo juego, a pesar de un inicio difícil, la estrella europea se destacó en el último cuarto, asegurando el campeonato para Dallas.
Su liderazgo y capacidad de rendimiento bajo presión le valieron el Premio Bill Russell al MVP de las Finales, siendo el primer jugador de la franquicia y el primer alemán en lograrlo. La consistencia de Nowitzki, demostrada por llevar a su equipo a ganar 50 o más partidos de temporada regular en 11 temporadas consecutivas, cementó su legado como una de las figuras más importantes en la historia de los Mavericks y de la NBA.
Fácilmente, Dirk Nowitzki puede ser considerado como uno de los emblemas más revolucionarios en la historia de la liga, pues inició la era de la migración europea al baloncesto norteamericano. Donde antes los estadounidenses eran los reyes absolutos, hoy en día jugadores como Nikola Jokic, Giannis Antetokounmpo o Luka Doncic, entre otros, se erigen como las principales estrellas del baloncesto mundial. Esa época empezó en la llegada del alemán que le dio el título a los Mavs en 2011, la primer gran estrella del baloncesto europeo en la NBA.
Hoy Dallas aspira a recuperar ese espíritu para soñar con una nueva remontada. Tras dos partidos para el olvido en Boston, los Mavericks esperan darle la vuelta, liderados por Doncic, a la final en la que van arriba los Celtics. Dicen que en casa, para los Mavs, la final será a otro precio. Ya en el pasado, el único episodio de gloria de Dallas lo construyó un genio europeo que llegó a revolucionar el baloncesto. Desde atrás, ahora, es tiempo de que el heredero de un paso adelante.
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