Publicidad

La bochornosa situación del defensor

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

¡Pena ajena! Así se denomina la vergüenza que uno siente por los actos de otra persona que parece no darse cuenta de que su conducta es inaceptable en la vida social.

Esto, pena ajena, es lo que muchísimos colombianos sonrojados padecemos desde cuando el columnista Daniel Coronell le quitó la careta de gran funcionario y, sobre todo, de hombre meritorio, a quien todavía osa retener el cargo de defensor del Pueblo. Claro, con los parámetros morales del país y el superelástico nivel de tolerancia que aquí se ha desarrollado, nada debería sorprendernos. ¡Qué se puede pedir después de los estándares que han dejado, como herencia maldita, personajes de la talla de Jorge Pretelt, quien continúa siendo magistrado y dictando sentencias un año después de que fuera sindicado de manipular fallos a cambio de dinero, y de entrar en tratos con autores de masacres y despojadores de tierras!

Hace unos tres o cuatro meses, llamé a Jorge Armando Otálora, en su condición de defensor, para solicitarle que alguien de su oficina acompañara a un equipo periodístico del noticiero en que trabajo, a una zona todavía controlada por parapolíticos. La historia que íbamos a grabar era tétrica: un pueblo que padeció, años atrás, el sometimiento paramilitar y la violación sexual de sus menores (niños y niñas) iba a tener, como mandatarios locales, a los aliados políticos de los violadores.

El defensor dio la orden y pudimos hacer nuestra tarea. Le agradecí, en su momento, su ayuda para poder ejercer la libertad de informar. Hoy no se me ocurriría acudir a la Defensoría del Pueblo ¿Con cuál autoridad podría Otálora representar al Estado en la defensa de los derechos de las víctimas sexuales?

Una vez denunciado formalmente por maltratos laborales a sus subalternos , el defensor tenía que renunciar por la dignidad de la entidad que representa y por la suya propia ¿Qué hizo, en cambio? En su enfermiza interpretación de los hechos, argumentó que no era maltratador de empleados sino “un jefe exigente”. Ahora tras la nueva revelación de Coronell sobre el acoso sexual a que sometió a su secretaria privada, reaparece su manipulación verbal: estaba “enamorado” y quería tener hijitos con ella. ¡El “jefe exigente” e implacable que grita improperios y humilla, resultó ser una ternura humana en casa: lobo feroz y caperucita en un solo cuerpo! Los psicólogos saben que esa combinación no existe ni en los cuentos de hadas. No obstante, con gran desparpajo trató de justificar la foto explícita que le tomó a su órgano masculino erecto para enviárselo por WhatsApp a Astrid Cristancho, la joven que él llama “mi novia” mientras que ella lo califica de “abusador sexual”.

No bien la víctima acababa de denunciar el régimen terrorífico de dominio físico, mental, laboral y económico a que fue sometida, la hipócrita Colombia machista que se las da de igualitaria y que tiene un discurso feminista falso, saltó a destrozarla y a solidarizarse con el poderoso defensor que, por supuesto, tiene quién lo defienda según les ha dicho a varios periodistas ansiosos de creerle. Estos revelaron que son “testigos” de Otálora, el ministro de Vivienda Luis Felipe Henao, el ministro de las TIC David Luna y una destacada funcionaria de la Secretaría de Prensa de la Casa de Nariño. Presuntamente, a ellos “les constan” los nexos amorosos de la pareja. No me imagino cuáles constancias tendrán puesto que nadie conoce la intimidad de los otros. Pero, ante todo, me pregunto si el presidente Santos estará de acuerdo en exponer su Gobierno y su gabinete en un proceso por violación de derechos, no solo por lo escabroso del asunto, sino porque ya empezaron a aparecer más denuncias por los abusos de Otálora y poco a poco se va develando su terrible pasado que terminará publicándose más temprano que tarde.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido