Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Pero así como frente al Timao el entrenador terminó venciendo a los críticos porque volvió a salir airoso y con la misma llave para abrir el pórtico rival: Danny Santoya.
El delantero cartagenero, tal cual pasara hace dos semanas, entró de recambio para el complemento —reemplazó al volante John Hurtado— y con su velocidad y, sobre todo, olfato desequilibró un juego que parecía enmarcado para el empate.
Contra el club de São Paulo, el ex Quindío y Once Caldas había preferido la exquisita definición, pero ayer un zurdazo al borde del área y a seis minutos del final le resultó suficiente para que el vinotinto dejara los tres puntos en casa y rompiera como se debe el celofán del Grupo 7 de la Copa Santander.
“Sabíamos que no iba a ser fácil, porque los partidos de Libertadores son muy cerrados y más empezando el torneo, pero la virtud del equipo estuvo en que nunca se desesperó ni se resignó a atacar y por eso encontró el premio sobre la hora, algo que nos motiva muchísimo para lo que sigue, que será aún más exigente”, reconoció Santoya, quien se fue ovacionado y con razón del Murillo Toro.