Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Aun cuando el dinero para echar a andar la idea de Peter Florence no era mucho, ni tampoco muy extensa la audiencia del pequeño lugar mercantil, la tradición cultural de su pueblo natal, con 1.500 habitantes pero con 41 librerías, potenció el evento. Sólo un año después, el Hay Festival empezó a contar con escritores de la talla de Arthur Miller, Martin Amis, Salman Rushdie, y con notas en el New Yorker y el New York Times que lo calificaron como una de las fiestas literarias más divertidas e influyentes de toda Europa. En 1996, el Hay rebasó sus fronteras, y en cuanto probó suerte en Londres, Italia y España, se aventuró hacia otras latitudes. Gracias, en gran medida, a García Márquez y Carlos Fuentes, Cartagena terminó siendo la elegida y desde hace seis años tiene el privilegio de recibir el aclamado evento cultural, que en la edición que hoy se inaugura espera contar con 40 mil espectadores y 71 actos.
Esta vez la ciudad amurallada será, durante los siguientes cuatro días, epicentro, ya no sólo de las letras, sino también de la música, el periodismo, el cine, la historia y la política. “Hemos convertido el festival, más que en un encuentro literario, en un festival de conversaciones”, comenta Cristina Fuentes, directora del encuentro, en el que se piensa reunir en un solo escenario a artistas como Rubén Blades, Philip Glass y la banda Buena Vista Social Club; a científicos como el neurólogo David Eagleman y la ambientalista Alanna Mitchell, y a reconocidos periodistas, historiadores y literatos como David Aaronovitch, especialista en teorías conspirativas; Adelaida Sourdís, investigadora de la historia colombiana, o Juan José Millás, novelista español. El propósito: acercar en todas sus dimensiones la cultura. El festival rebasa las presentaciones especializadas para ser un gran debate sobre el quehacer de las disciplinas y su relación con la realidad social y política del mundo de hoy.
A la convergencia de miradas que cuenta ya con fama internacional se suma el carácter inclusivo que ha logrado el evento: el Hay llega este año con boletas alrededor de los 20 mil pesos —exceptuando conciertos— y con casi el 20% de las entradas gratuitas para estudiantes. Además, presenta autores reconocidos en su entorno, pero perfectamente anónimos en el contexto nacional. En esta, su sexta versión, el Hay Festival, si bien no cuenta con la presencia de grandes nombres como lo hizo el año pasado al traer al hoy ganador del Nobel, Mario Vargas Llosa, y al novelista inglés Ian McEwan, tiene una selección rigurosa de lo que está siendo aclamado por la crítica en el Líbano, Siria, Jordania y Rusia, obras que, dado su éxito, se encuentran traducidas al español pero que lamentablemente no existen en los estantes nacionales.
El hecho de que muchos autores tengan que venir con sus libros en las maletas es algo que debería, sin embargo, llamar la atención, pues realmente nos obliga a preguntarnos: ¿Qué tan internacional está siendo la sede del Hay Festival? O mejor aún: ¿Qué tanto está aprovechando el país el hecho de ser el anfitrión de algunos eventos de importancia global? Preguntas que se extienden al pasado Festival Internacional de Música y al Festival Internacional de Cine que tendrá lugar a finales de febrero. Es que en sólo tres meses Cartagena está recibiendo, por iniciativa privada, tres encuentros culturales de talla mundial, y no es muy claro que la ciudad y el país estén explotando al máximo tal oportunidad para dar el paso y convertirse en verdadero epicentro cultural.