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La cancha de Abel Aguilar hoy es otra. Atrás quedaron los tiempos de la selección de Colombia, del fútbol de Europa y de la élite del balompié mundial. Él, que supo ser referente de una camada histórica para el balompié colombiano, ha empezado a moverse por el campo de la política pública. Desde hace cinco años, el exfutbolista impulsa el reconocimiento del deporte para el desarrollo, una corriente que entiende la actividad física no solo como competencia, sino como herramienta educativa y social. En ese camino, ha sido una de las voces que acompañó la gestación de la Ley 2490 de 2025, que busca abrir nuevas vías de financiamiento para el deporte en medio de la crisis presupuestal más fuerte del sector en los últimos años.
“Desde mi retiro me animé a apoyar fundaciones como la Fundación Selección Colombia y Fútbol con Corazón. Empecé a entender cómo el deporte influye en nuestro país y los vacíos que tiene. Esta ley nace de ese diagnóstico”, dice Aguilar.
“Hemos tenido varios encuentros con la Defensoría, que ha abierto espacios para unificar ideas y profundizar en las problemáticas del deporte, desde el Cauca hasta La Guajira. Hay muchas falencias no solo en la estructura deportiva, sino en la parte integral”.

La Ley 2490, aprobada en julio y aún pendiente de reglamentación, permite que empresas y personas naturales inviertan en proyectos deportivos y reciban beneficios tributarios. El objetivo es canalizar recursos privados hacia infraestructura, programas comunitarios, becas y formación de entrenadores, mientras se compensan los recortes públicos. El Ministerio del Deporte pasó de tener COP 1,36 billones en 2024 a apenas COP 464.365 millones en 2025. Aunque tras los recientes debates en el Congreso se añadieron COP 200.000 millones más al presupuesto de 2026, el impacto de la caída encendió alarmas sobre la sostenibilidad del ecosistema deportivo.
Abel no lo plantea en cifras, sino en realidades. “En el futbol, por ejemplo, solo tenemos dos ligas profesionales, la A y la B, mientras que en otros países hay cinco o seis categorías. Eso priva a muchos jóvenes de competir, de soñar. Y en las regiones, cuando no hay apoyo ni programas, muchos terminan cayendo en la violencia porque no ven otra opción. El deporte es una alternativa de vida. Si llegas con un balón, los niños quieren estar en la cancha. Lo que no existen son procesos”.
El exjugador cree que la ley puede llenar esos vacíos, siempre y cuando haya compromiso real. “Se trata de incentivar a las empresas y personas naturales para que inviertan y crean en el deporte. Que entiendan que también obtendrán beneficios fiscales, pero, sobre todo, que están aportando a la construcción de país. Si logramos eso, tendremos más jóvenes alejados de la violencia y más cercanos a una vida digna”.
El espíritu de la norma es combinar responsabilidad social y sostenibilidad. No crea nuevas exenciones, sino que redirecciona mecanismos tributarios existentes hacia proyectos del Sistema Nacional del Deporte, bajo verificación de la DIAN y los ministerios de Hacienda y Deporte. “El reto ahora es reglamentarla, pero sobre todo creer. Podemos sentarnos a hablar mucho, pero si no se cree, no pasa nada. Lo importante es accionar”, explica Aguilar.
El contexto exige soluciones urgentes. Durante un congresillo técnico, que se realizó hace una semana en la Defensoría del Pueblo, representantes de esta entidad, el Ministerio del Deporte, el Comité Olímpico Colombiano y diversas fundaciones coincidieron en que la reglamentación será clave para garantizar transparencia y equidad. “Debemos promover el derecho al deporte con una perspectiva de garantía para las juventudes y para toda la gente del ecosistema”, señaló el defensor delegado Jorge Iván Palomino Castro.
Para entidades como la Fundación Selección Colombia, el alcance del proyecto va más allá del rendimiento deportivo. “El deporte forma ciudadanos y construye una sociedad más equilibrada. Esta es una oportunidad histórica para hacerlo con visión de país y de derechos”, afirmó su vocera, Juliana Gómez.
Abel Aguilar coincide: “El fútbol y el deporte educan. Enseñan disciplina, responsabilidad y trabajo en equipo. No son solo recreación; son una forma de aprendizaje y transformación. Si logramos que el Estado, las empresas y las fundaciones trabajen de la mano, podremos sostener el derecho al deporte, incluso en tiempos de crisis e incertidumbre presupuestal”.

La Ley 2490 surgió de la urgencia y de una convicción compartida: que la pelota puede ser una herramienta de cambio. Y en eso, Abel Aguilar habla con conocimiento de causa. “Una pelota definitivamente les cambia la vida a las personas. Te permite ir por otra vía y no quedarte en lo mismo. Yo creo en eso y por eso sigo aquí”.
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