Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Cuando una noticia está caliente, los incentivos para publicar nuevos elementos relacionados son enormes. La presión de la evolución de la noticia, la cada vez más dura competencia, el apetito temporal y voraz del público y, muchas veces también, la necesidad que tienen los involucrados o protagonistas de imponer su punto de vista, hacen que tomar una decisión editorial sea una acción de altísima responsabilidad, rápida, pero también precisa.
La capacidad de soportar esas presiones hace, entre otras cosas, la diferencia entre un periodista y cualquier otro individuo que intenta contar una historia. Algo que actualmente, gracias a la tecnología, se logra desde lanzando un tuit hasta haciendo un video digital de alta calidad.
El episodio del Chapo me hizo recordar un difícil momento que tuve como director de noticias en Caracol Televisión. Tan sólo dos meses después de haber llegado al país para enfrentar tremendo reto profesional, y bajo la mirada constante y desconfiada de gran parte de la comunidad periodística nacional, que me veía tan joven como ajeno por haber hecho hasta entonces la mayor parte de mi carrera en el exterior, apareció la tan conocida prueba reina contra Sigifredo López.
A nuestra sala de redacción llegó una llamada desde Pasto de alguien que decía pertenecer al CTI. La persona pedía $20 millones para entregarnos un video al que llamaba una prueba irrefutable en su contra. El hombre incluso nos hizo llegar una foto en la que se veía una punta de una nariz y parte de la boca de una persona. Aseguraba que la cinta mostraba a Sigifredo López construyendo junto a miembros de las Farc el plan para secuestrar a los diputados del Valle, entre los que se encontraba él. El mismo personaje aseguraba que otros medios ya tenían el video y que lo utilizarían esa misma noche. Prácticamente estaba ofreciendo evitar que nos trituraran informativamente.
Hicimos una nueva junta editorial. Esta vez con Alberto Medina, ahora subdirector del noticiero; Germán Espinel, jefe de la mesa editorial, y José Luis Rodríguez, jefe de emisión, y decidimos respetar las normas editoriales del noticiero, que luego quedarían plasmadas en un manual de estándares y prácticas. Reafirmamos que nunca pagaríamos por una entrevista, que no publicaríamos videos potencialmente incriminatorios que no fueran producto de nuestra propia investigación periodística y que, además, no cederíamos a la presión informativa del momento. Acto seguido llamamos al fiscal Montealegre a contarle lo sucedido, ya que la supuesta fuente se había identificado como funcionario de su entidad.
A las 7 p.m., el video salió como primicia y en exclusiva. Los ratings premiaron en ese momento a otros informativos y pasamos varios días contra las cuerdas. Sin embargo, cuando cedieron las aguas y las investigaciones avanzaron, resultó que el video era falso y que López era inocente.
Ser director de un medio de comunicación es básicamente ser arquero de fútbol. La mayor parte del tiempo se trabaja para que no te metan goles. Para eso buscas que la defensa y, por supuesto, el ataque sean conformados por los mejores elementos. Al aceptar que el Chapo corrigiera su texto, así éste no lo hubiera hecho, queda claro que Sean Penn como periodista es un gran actor. Desconocer la importancia de la independencia periodística, sin importar el calibre de la historia o los incentivos para publicarla, convierte el ejercicio de publicación editorial simplemente en un acto de propaganda.