Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Es obsesionado. Y sobra que lo admita porque cualquier acción que realiza, por mínima que sea, terminaría delatándolo. Por ejemplo, dentro de su inseparable maletín negro puede que llegue a sobrar una que otra cosa, pero a Juan Carlos Osorio no pueden faltarle esferos ni libretas de apuntes.
Así en Ibagué perdiera el miércoles pasado los papeles por momentos, al reclamarle al árbitro Óscar Julián Ruiz o pedirle a gritos honestidad al volante argentino del Tolima Rodrigo Marangoni y luego decirle que fuera a jugar fútbol americano, en la zona técnica ya es una postal verle agachado y hacer de su muslo el escritorio para registrar cuanto detalle considera. Recurso provisional, mas no improvisado porque esa palabra resulta prohibida en la filosofía de vida del entrenador nacido hace 49 años en Santa Rosa de Cabal.
Nada le deja al azar y así lo demuestra, o más bien retiñe con el bolígrafo que siempre pende de su media derecha, el cual se convierte en el suplente que siempre se necesita ante cualquier situación. Y este domingo en la pista atlética del Palogrande lo tendrá ahí, a la mano, listo para describir lo que una final encierra y con el que espera, antes que dibujar un sistema o enviar alguna indicación, plasmar el único término que inscribe en la eternidad: campeón.
¿Qué aplicó de la primera experiencia en Colombia con Millonarios en esta nueva oportunidad en el país?
Varias cosas como la planificación del trabajo, las características humanas y profesionales del futbolista colombiano y el conocimiento del medio en sí. Aunque habían pasado dos años y medio de mi alejamiento, se mantuvo algún contacto y seguimiento, así que todo eso sirvió para diseñar el plan en el Once Caldas.
¿Recuerda que lo alcanzaron a tildar de “recreacionista” cuando se fue para el Chicago Fire en 2007?
No. Cuando uno cree en su trabajo y en la responsabilidad hacia él, se concentra únicamente en él y no le presta atención a factores externos.
Tolima y Caldas son muy parecidos en los números y en su potencial ofensivo, ¿en qué se diferencian?
En que Tolima trae un proceso mucho más largo respecto al nuestro. Hernán Torres ha venido haciendo un trabajo bueno en los últimos años, con protagonismo de por medio, y cuando le reclamaban que debía patentarlo con una final, lo consiguió y no de cualquier forma porque eliminó a otro de los favoritos como Santa Fe y en El Campín.
¿Le hubiese gustado más disputar el título en Bogotá?
Me resultaba indiferente porque fuese cual fuese el rival, iba a ser dificilísimo. Bogotá es una ciudad que aprecio mucho por lo que me brindó en su momento y creo que no sólo para mí, sino para cualquiera del fútbol, será una plaza especial para jugar.
Luego de la eliminación de la Copa o de la semifinal del Apertura, ¿pensó en renunciar?
Nunca contemplé esa posibilidad porque siempre confié en el grupo de jugadores y en el cuerpo técnico que me acompaña.
Pero se dice que la directiva del Once pensó en despedirlo promediando el Clausura y que no lo pudo hacer al carecer de recursos para indemnizarlo…
Esa es una pregunta para los directivos. De mi parte jamás pensé en dar un paso al costado por lealtad a un grupo que siempre me la ha demostrado.
¿Encontró el equilibrio y con él llegó la reacción del equipo?
En el primer semestre se armó un equipo nuevo para encarar la Copa y el torneo local, y costó tiempo y trabajo irlo moldeando. Para el segundo semestre y sin los recursos económicos del primero, se depuró la nómina y poco a poco lo fuimos encontrando. Los laterales, que eran dos apoyos ofensivos más, ya no salieron tanto y atrás ganamos en confianza. Hemos mejorado en todas las líneas y nos sentimos privilegiados al tener los delanteros que tenemos, ya que ellos son nuestros primeros defensores.
¿Cómo hizo para que la crisis económica no incidiera en lo deportivo?
Por el magnífico grupo que tengo, en el que si bien es indudable la capacidad individual, sobresale la actitud del plantel para hacerles frente a los inconvenientes. Lo más gratificante es haber alcanzado la final en medio de la adversidad. La crisis también nos tocó y en lugar de dejarnos vencer, vencimos.
Ahí debió ser clave su poder de persuasión…
En todo equipo de fútbol de alto nivel, la mejor remuneración no es el dinero sino la gloria y los títulos. Por fortuna los muchachos lo han asimilado de la mejor manera, pues si bien el talento vale, la actitud es la que decide en cualquier situación y a este grupo le sobra determinación.
Disputó finales en Inglaterra y Estados Unidos, ¿afrontar una en Colombia es distinto?
Resulta gratificante saber que esta es mi cuarta final como técnico, de manera que tener la posibilidad de ganarla por primera vez en mi país me haría sentir muy feliz y orgulloso. Como ser humano, el agradecimiento a la Divina Providencia por darnos este privilegio y a los muchachos por todo el esfuerzo y compromiso que han mostrado y por haber asumido tanta responsabilidad en medio de una crisis económica tan profunda.
¿Qué lo hace pensar que la va a ganar?
Vamos a enfrentar un equipo muy difícil, pero creo que si los jugadores están en su día y en el potencial que ellos pueden lograr, vamos a tener muchas posibilidades de lograr ese sueño que siempre hemos tenido muy presente.
¿Qué tiene esta final que no vivió en las anteriores?
Que es en Colombia y eso marca mucho la diferencia. Como asistente en el Manchester City se logró el título de la segunda división y estuve contento, pero ya como técnico en propiedad, en Estados Unidos, se ganó una Conferencia y se perdió la Copa de la MLS, por lo que todavía tengo un recuerdo vivo de lo que sufrí en ese momento, así que tener ahora esta gran posibilidad en el país, con la presión que se maneja acá y la pasión que enmarca nuestra liga, hace que sea distinta. Esperemos que en esta oportunidad el de Arriba nos dé la mano y podamos lograr el resultado.
A su regreso dijo que cambiaba la comodidad por la presión. ¿Hoy siente que hizo lo correcto?
Acá es todo lo contrario, la incomodidad reina por la crisis económica y todo es presión. Fue una decisión personal en principio, luego familiar y hoy, al mirarla retrospectivamente, pienso que fue la mejor. Era arriesgada porque nadie le garantiza a uno el éxito, soy el primero en decirlo y estar tan cerca del título es una posición privilegiada.
¿No resulta irónico que un risaraldense dirija al Once y en una final?
La verdad que no, incluso tenemos muchos amigos risaraldenses que le hacen mucha fuerza al equipo. Creo que la rivalidad debe ser deportiva, sólo que hay personas que la llevan a otro extremo y nivel. Trabajamos para una gran institución, le estamos agradecidos por haber confiado en nosotros y algún día, cuando las circunstancias lo permitan, Óscar Gil, Pompilio Páez y yo esperamos devolverle algo a la tierra. Pero la gratitud no sólo es con Risaralda sino también con Millonarios, que fue la institución que nos abrió las puertas del fútbol colombiano. Ahora estamos en el Once y tratamos de disfrutarlo al máximo mientras podamos.
Si pudiese definir al plantel del Caldas en una palabra, ¿cuál sería y por qué?
Generoso. Es un grupo que ha mostrado generosidad en su comportamiento fuera y dentro de la cancha. Ha sido uno de los aspectos que nos ha ayudado a consolidarnos.
Si no se logra el título, ¿el Once salva igual la temporada?
La consideraría buena, pero para que sea muy buena hay que tratar de ganar. Ha sido un año que me ha enriquecido, sobre todo para conocer más de cerca la Liga Postobón, a lo que se juega, entender la idea futbolística, saber con cuántos hombres se ataca y defiende, y también para familiarizarme más con el jugador colombiano.