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La crisis de 2016

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Qué rápido se fue diciembre con su alegría. Los primeros días de enero llegaron con tanta fuerza y malas noticias que desde ya ha quedado claro que este 2016 será muy duro para nuestro país.

Tres variables afectan el escenario global: la caída de los precios del petróleo, el final de las bajas tasas de interés en EE. UU. y la profundización de la crisis en China. Todo esto derivará en menor inversión extranjera, depreciación del peso y menos ingresos petroleros para nuestro país.

¿Qué pasó cuando todo esto era al revés? ¿Qué ocurrió cuando las vacas no eran flacas? Parece que nada. Se esfumaron los beneficios que se decía llegaban durante la seguridad democrática, que en realidad no eran más que efectos de un escenario internacional marcadamente beneficioso para las economías en desarrollo como Colombia. Luego pasamos años en los que nos dijeron que se estaba guardando pan para mayo, pero la verdad es que las ratas se lo comieron y ahora que ha llegado el momento de usar los ahorros, nos damos cuenta de que no quedan ni las migajas.

Entonces, ¿qué se puede hacer? Apretarse el cinturón, defender la demanda interna y de una vez por todas cerrar el boquete de la corrupción. En Colombia roban tanto, que muchos nos preguntamos cuántos puntos del PIB recuperaríamos si los corruptos nos regalan un pico y placa de sus actividades.

Aunque cada situación es diferente, llama la atención que mientras Estados Unidos bajó tasas de interés e impuestos para salir del hueco económico generado tras la crisis de 2008, en Colombia se piense en exactamente lo contrario para enfrentar una crisis global que para muchos tiene incluso más fuerza que la anterior.

Un mal manejo de la situación en este año que acaba de comenzar no sólo tiene el potencial de afectar severamente a la nación, sino también el de borrar cualquier aspiración política que pueda tener el ministro Cárdenas y transformar a Juan Manuel Santos del presidente de la paz, al presidente de la crisis económica.

Todo esto nos lleva finalmente a la venta de Isagén, que el propio ministro de Hacienda califica como necesaria, aunque polémica. No es para menos. Aunque se entiende que las inversiones en infraestructura son determinantes para asegurar el crecimiento económico en el futuro, también es cierto que la generación de energía en momentos de cambio climático e incertidumbre sobre si seremos capaces de mantener el bombillo de la luz prendido, debe ser igual o mas importante que las carreteras. Nos dicen que las carreteras nos aseguran el futuro, pero la generación de energía es el problema del presente y la crisis del futuro.

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