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Se dice que la familia es la base de la sociedad.
Por ello es necesario que los padres eduquemos a nuestros hijos con el ejemplo. De la misma manera ocurre en las organizaciones públicas y privadas en Colombia y en el mundo. Cuanto mejor ejemplo demos los padres y los líderes tanto del Estado y del sector privado, mejor país construiremos.
Muchas son las críticas que se escuchan en la calle, en las empresas, en el Gobierno y en sus instituciones, todas ellas pueden ser o no válidas. Lo que es rescatable de ellas es que algo está pasando y algo debe mejorar. Cuando hay críticas o comentarios, hay que escucharlos. Bien se dice que nos dieron dos oídos para escuchar dos veces y una boca para hablar una vez. Así las cosas, si queremos tener un mejor entorno laboral, un mejor país, una mejor comunidad y por supuesto una familia ejemplar, es necesario escuchar más y hablar sólo lo necesario, por supuesto con convencimiento.
Los valores empresariales han sido y seguirán siendo la brújula que nos lleva desde la situación actual a la situación futura deseada, en pocas palabras, en lugar de estar preocupándonos por el futuro de la economía y por supuesto por el de los partícipes de ella (todos), y de lamentarnos por lo que pudo ser, es necesario que nos ocupemos del hoy y del ahora. Para ello es necesario que las organizaciones, incluyendo en nuestras familias y el Estado, fortalezcan los valores (construir relaciones basadas en hacer lo correcto, por ejemplo) y que además los vivan y se compartan.
Si sembramos ejemplo en la sociedad cosecharemos una mejor comunidad, para ello no hay que desgastarse haciendo grandes transformaciones y buscar de ellas el rédito personal, pues lo único que se gana con ello es alimentar el enemigo interior de todo ser humano: el ego. Con cambios simples, como empezar por no colarse en la fila, respetar las señales de tránsito, o al menos conocerlas y aplicarlas, ser un buen peatón, un mejor ciclista, un excelente motociclista, podremos construir un mejor entorno para hacernos la vida más fácil.
El Estado y sus instituciones, por ejemplo, deberían empezar por fortalecerse de manera controlada. Por simple sentido común, si su principal financiador del déficit fiscal es la ciudadanía, entonces debe actuar como un facilitador para su desarrollo. Se debe incentivar entonces el desarrollo de las empresas y de los emprendedores, pues son ellos quienes coadyuvan a la generación de empleo sostenible, con ello se combate uno de los pilares más problemáticos que tiene Colombia en materia de competitividad según el reporte del Foro Económico Mundial: la burocracia ineficiente, que no sólo es del Estado sino de las empresas.
Si bien existen muy buenos servidores públicos, la ciudadanía y los medios de comunicación deberían empezar por dejar de endiosarlos. Parece ser que el endiosamiento y quienes se lo creen es el mal endémico de nuestra sociedad. Para evitarlo, es necesario que el Estado y las empresas promuevan la rotación periódica en los puestos directivos, con esto no sólo se protege a los buenos servidores y directivos del afloramiento de su ego y poder, sino que se promueven nuevos retos profesionales para tales directivos, los que conllevarían a una mejor gestión en las instituciones del Estado o unidades de negocios de las empresas. Para que todo esto no sea una quimera, es necesario que todos los colombianos dejemos de lado esa nefasta malicia indígena en la que pensamos que el fin justifica los medios y que para todo hay una explicación. De esta manera podremos dejar de quejarnos de encontrar el chicle debajo de la mesa.