Publicidad

Los pedales de un aventurero

Con 65 años de edad Miguel Cruz partió de Bogotá hace tres semanas. Destino: Ciudad de México.

14 de junio de 2009 – 04:00 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Un impulso aventurero que siempre lo ha atropellado lo obligó a retomar su vieja pasión por el ciclismo. Vendió las tres busetas de Fontibón que tenía, se sometió a un itinerario riguroso de entrenamiento, montó en su bicicleta y, sin dar mayores explicaciones a sus familiares que lo creyeron loco, se fue rumbo a México con un puñado de “esmeralditas” (manillas y collares) que fue vendiendo por el camino para sostener el itinerario.

De Bogotá partió una mañana y, luego de varios días de camino, llegó al golfo de Urabá sin mayores contratiempos. De allí pasó a Panamá en una avioneta para retomar con su aliento de 54 años el inclemente calor del trópico. Sin embargo, en Costa Rica, mientras avanzaba bajo una lluvia leve pero continua, la llanta delantera se le hundió en un hueco y por un instante, recuerda Miguel Cruz con una sonrisa temerosa, su cuerpo quedó en el aire. “Cuando abrí los ojos, aterrado, escuché que alguien me preguntaba de dónde era. Yo respondí, con la cabeza adolorida, ‘pues de aquí, de Fontibón’. ‘Señor —me contestaron—, usted está en un hospital en Costa Rica”. Miguel había permanecido inconsciente ocho días.

El fin del principio

Mucho antes, desde los 16 años y durante 37 más, Miguel se jugó la vida como torero cómico en plazas como La Santamaría. De su jugarreta con los toros le quedó el recuerdo de un colega y amigo muerto por una cornada en el cuello, de miles de aplausos luego de desafiar los cachos y de un viaje a México con Mario Moreno, Cantinflas, quien lo llevó a su hacienda para que realizara algunos de sus actos más hilarantes en una fiesta privada.

Su diario, sus mapas y sus “esmeraldas” se perdieron en aquel primer accidente. Perdió todo menos el entusiasmo para pedalear de nuevo. Su bicicleta sólo necesitó una leve reparación. Sin pensar más en los contratiempos ni en algunos dolores producto del golpe, continuó su éxodo al norte, después de haber recorrido ya más de 1.300 kilómetros. Nicaragua, Honduras, Guatemala y finalmente su meta mexicana, donde inesperadamente llegó a un retén de guerrilleros en Chiapas. “Pensé lo peor, pero luego de dar algunas explicaciones al comandante, me asignaron una cama y con ellos me quedé un par de días, recuperando fuerzas”.

Muy en el fondo, Miguel estaba convencido de que si le llegaba a pasar algo fatal, este destino vendría por cuenta de un camión que lo arrollaría o de una caída que le daría una lección mucho mayor a ocho días de inconsciencia. Eran riesgos que había que correr y que en algunos tramos se sumaban al hecho de andar en medio de la intemperie.

“No me sentí abatido por el calor ni el frío durante más de un mes de viaje. Cuando llegué a Ciudad de México creí tener aún suficientes fuerzas para continuar más al norte. Entonces se me vinieron a la cabeza las playas de Miami. Y llegué, pero sucedió lo peor: me empezó a molestar la próstata y supe que era el final del viaje. No tuve otro remedio más que tomar un avión de vuelta a Colombia”.

Ese fue el fin del principio, porque desde entonces no ha dejado de pedalear, admirando, cada vez con mayor fuerza, la gran diversidad de climas que envuelve el continente. “Once viajes y quince países —asegura Miguel, como queriendo dar a conocer su palmarés—. Pero de lo que más me he enamorado es de la gente. Sin su hospitalidad, ninguna de mis travesías hubiera podido llegar a buen término”.

A sus 65 años, once después de que la próstata frenara las ruedas de su bicicleta, Miguel Cruz emprendió su último viaje, de nuevo hacia Ciudad de México. Partió con la madrugada desde la Plaza de Bolívar el pasado 30 de mayo. Cruzó Bogotá y luego tomó las carreteras que lo condujeron hasta el Urabá, donde hoy por hoy toma un respiro y alista la logística para que desde allí una avioneta lo ayude a cruzar el Atlántico hasta Panamá, como en los viejos tiempos.

Miguel ya comienza a sentir el agotamiento y el dolor de la cintura y coxis ya no son igual de llevaderos  como  antes. No obstante, quiere cumplir de nuevo con su meta y demostrarles a sus tres hijos que lo logró otra vez a pesar que le dijeran que “ya estaba viejo para esas cosas”.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido