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¿Cómo se recompone el rumbo en 2016?

Felipe Jánica
27 de diciembre de 2015 – 09:00 p. m.

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Ad portas del cierre del 2015, muchos han sido los acontecimiento en materia económica, política y social en el país del Sagrado Corazón.

Una inflación creciente, la fuerte devaluación del peso frente al dólar, el aumento del desempleo, el aumento de las tasas de interés por parte del Banco de la República (Banco) y las discusiones del salario mínimo, son algunas de preocupaciones en materia económica. En materia política, la turbulencia de Venezuela nos ponen a pensar en lo que podría ser un acuerdo de paz y el costo no sólo en materia de déficit fiscal sino político para la institucionalidad.

Lo más urgente no necesariamente es el corto plazo, pues con medidas paliativas el Banco podría recomponer el camino. Su decisión reciente en materia de tasas de interés es una muestra de ello. El incremento de las tasas de interés, más que la respuesta a la FED, significa: apretémonos el cinturón. Consecuentemente, se combate en el corto plazo la inflación que claramente superó las expectativas del año. Como quien dice, esta es una asignatura perdida. El desafío entonces para el Estado colombiano es la planeación estratégica y que ésta no sea sólo de cuatrienios. Sólo así se podrán atacar las causas raíces de la inflación, la devaluación y/o revaluación, el desempleo, las tasas de interés volátiles y la dependencia nefasta de los recursos naturales, en especial el del petróleo y la ausencia de innovación y emprendimiento. La única forma de recomponer el camino es con una reforma estructural.

Lo primero que habría que pensar es que para que exista dicha reforma, ésta debe ser construida conjuntamente entre el Estado y el sector privado y que ambas partes estén en el mismo nivel de convivencia y educación. Así las cosas, debe haber una coincidencia en un nivel superior de educación (ojalá doctoral, mínimo de maestría), es decir que quienes se sienten a planear las reformas, debe no sólo ser un equipo multidisciplinarios sino de dignatarios, en el que prevalezca la experiencia tanto académica como profesional. Estableciendo requerimientos mínimos, se limitaría la participación a la meritocracia.

Una vez se establezca un equipo, el paso siguiente sería establecer las prioridades de las reformas. Se podrán destacar en ésta la financiación del posconflicto, pero más allá de ello un mecanismo que blinde los acuerdos de paz y que éste no sea un acuerdo de Gobierno sino del Estado colombiano. Los colombianos estamos convencidos de que la paz es más beneficiosa que la guerra, de lo que no estamos convencidos es del costo político que pagarían nuestros descendientes si se firma la paz a cualquier precio.

Partiendo del hecho que el acuerdo de paz refrendaría el clamor ciudadano en el que no haya lugar a dádivas para cualquiera de las partes, el siguiente punto en la reforma estructural sería en materia económica y social. Se deben establecer prioridades en materia de educación, industrialización, competitividad (infraestructura con transporte multimodal), productividad, informalidad económica y por supuesto la corrupción, la que no deja de ser un mal endémico. Los ciudadanos de a pie por su parte, debemos servir como veedores de las actuaciones del Estado y de sus gobernantes. Para ello es necesario que seamos críticos de nuestro propio comportamiento y de las decisiones políticas de los gobernantes, la única manera de que esto ocurra es ejerciendo el derecho al voto libre de recompensas.

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