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Los bloqueos en Colombia en el marco del paro nacional están creando mucho más que las disrupciones esperables en cualquier protesta. Más allá del debate sobre la legitimidad de ciertas formas de manifestarse, vemos varios efectos puntuales negativos en la continuación de los bloqueos: permiten que el Gobierno Nacional siga en una posición inamovible de negociación, demuestran la incapacidad de acción del Comité del Paro, afectan seriamente la economía y, de paso, empeoran la crisis social que el mismo paro nacional denuncia. Estando tan lejos todavía de acuerdos sobre lo fundamental, la pregunta más importante ahora para que la situación no empeore es: ¿cómo conseguir que se levanten los bloqueos?
A pesar de que el paro nacional, según las encuestas, cuenta con un respaldo popular abrumador, no sucede lo mismo con los bloqueos. Y tiene sentido. Cuanto más se alargan las negociaciones estancadas, ese método de protesta genera más efectos que sienten directamente las personas en su día a día. Se pierden empleos, se rompen cadenas de producción y aumenta el precio de los alimentos. Y no son solo los grandes empresarios los afectados, sino muchos colombianos del común a quienes el paro nacional busca reivindicar. Por otro lado, los bloqueos han sido utilizados, sin justificación, como motivo para escalar la violencia. Vimos lo ocurrido en Cali con personas que dispararon contra manifestantes. Hemos visto, también, múltiples videos con retórica violenta por el rechazo que genera esta arbitrariedad.
Por donde se les mire, los bloqueos son un punto de tensión. Y como mecanismo de negociación tampoco parecen estar sirviendo. El presidente, Iván Duque, dijo esta semana que “los bloqueos no son un tema de negociación, no son un tema de trueque, ni mucho menos de transacción. Tienen que ser rechazados por todos”. Emilio Archila, vocero del Gobierno en la mesa de diálogo, lo secundó: “En Colombia los bloqueos no son una manera legítima de ejercer el derecho a la protesta”.
Es decir, los bloqueos son una línea roja que está trabando las conversaciones y además carecen de apoyo popular. No tiene sentido continuar con ellos. La cuestión es que levantarlos no es tan sencillo.
En eso se equivoca el Gobierno cuando asume que el Comité del Paro puede dar la orden y asunto solucionado. Ya hemos discutido en este espacio el serio problema de representatividad que tiene ese comité, pero, además, hoy los bloqueos tienen variados liderazgos y demandas diferenciales. Es necesario, entonces, pensar en adelantar negociaciones con cada uno de ellos.
Es la única forma de dialogar con actores dispersos y con intenciones particulares. Podrían ir —como sugiere el profesor Juan Carlos Guerrero, de la Universidad del Rosario— el Comité del Paro y el Gobierno juntos a sentarse en esos diálogos. Resulta dispendioso, por supuesto, pero luce urgente para ir encontrando salidas a un problema mayor que nos afecta a todos. Si se logra ir levantando cada bloqueo sin uso de la fuerza, habría además una muestra de que la violencia no va a secuestrar los cambios sociales que pide el paro nacional.
Coincidimos con el presidente Duque en que los bloqueos se tienen que levantar, pero hacerlo solo se consigue de manera proactiva en el terreno y no esperando a que llegue una orden dictada desde Bogotá.
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