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Veamos la primera afirmación: el éxito de la Unidad Nacional es claro. Santos tiene la política en un puño. Pero el escenario se está moviendo para bien y para mal. Para bien, porque al Partido Liberal se le ve cada vez más cómodo y más cercano. El Partido Verde (¿fue de veras un partido?) ha ingresado a la coalición, aunque dejando pelos en la cerca. La única queja, más bien académica que pragmática, es que los huevos de la oposición han quedado íntegramente en la cesta del Polo Democrático. Los verdes no eran propiamente oposición, pero una voz alternativa dentro del sistema es siempre un seguro de vida para la democracia.
Cambio Radical juega a la presidencia de su jefe, Germán Vargas Lleras, pero no se sale de la foto de la Unidad ‘ni por el chiras’, al menos por ahora. Pero lo malo está, vaya paradoja, en el seno de la U, el partido del propio presidente. Las tensiones iniciales entre Uribe y Santos eran sólo comidilla de cocteles capitalinos. Ahora, a fuerza de Twitter, el divorcio es una posibilidad. Un extraño divorcio, claro está. Divorcio unilateral, porque Santos no ha querido salir a la pelea. Y para pelear se necesitan dos. Pero este tipo de anomalías no tiene nada raro en el país de la extravagancia: ya tenemos un cohecho de uno.
El futuro es aún más difícil de descifrar. El Partido Liberal ha sorprendido con la idea de su reagrupación. Que proponga una consulta popular es una innovación. Pero, ¿tendrá efecto la reunión de liberales con exliberales de Cambio Radical y de la U? La piedra de toque es la reelección de Santos, algo que él tácitamente desechó en la reunión con Lula, el jueves pasado. Por ahora, digo yo. Porque hay dos hechos inamovibles: la reunificación liberal no es posible sin el auspicio del presidente. Y, ceteris parivus, jamás será viable si es un mecanismo para que Vargas Lleras se oponga a la reelección de Santos. El latinajo es porque si por algún acaso, que no se ve en el horizonte, las circunstancias cambian y Santos ve desgastado su mandato, entonces en ese caso una plataforma unificada podría servirle a Vargas Lleras. ¿Se quedará quieto Rafael Pardo?
Pero Santos ha logrado en un año perfilar su gobierno. Ha dejado ver cuál es el Santos que él quiere al fin de su mandato. Primero, un líder que quiere ampliar la base política, acudir al viejo republicanismo para crear un clima de tolerancia, permitir a los ministros que hagan su tarea, en resumen, recuperar el mensaje del viejo santismo e imprimirle un nuevo vigor. Es evidente que Santos se ha colocado en el centro. Y, a veces, un poco en el centro izquierda. “El neoliberalismo puro no funciona”, dijo mirando a Lula a la cara.
El tema agrario es quizás el más ideológico del Gobierno. Santos quiere desactivar el conflicto mediante una política de equidad en el campo. Pienso que no descarta un diálogo. Pero por ahora ha recuperado una sana política de “combinación de formas de luchas”. Mano tendida, pero no ya para los guerrilleros, sino para los campesinos que son carne de cañón. Y pulso firme para la delincuencia.
Pero allí no ha agotado su agenda: modernización del país, política de buen gobierno, formalización de la economía por mil razones, entre ellas lograr un sistema de seguridad social viable y aprovechar de manera más justa los rendimientos de la minería. Lástima que esto ha venido acompañado de un proceso de desindustrialización. Estamos recorriendo la historia económica al revés: cada vez más embarcados en el sector primario: minas, petróleo, algo de agricultura y coca. Aunque esta última ha mermado.
Otro signo distintivo es la lucha contra la corrupción. Uribe afirma que el Gobierno tiene pleno derecho a actuar contra ese flagelo. Pero no le gusta el show que interpreta como un acto hostil a su administración. Francamente creo que a Santos lo mueven dos objetivos bien distintos: primero, luchar de verdad contra algo que está haciendo demasiado daño en lo político y lo económico. Pero, en el ajedrez político, Santos está buscando su propia inmunización al proyectarse como campeón contra la degradación administrativa. Él sabe, como perro viejo, que ningún gobierno está totalmente exento de problemas de esa naturaleza, por mucho que sea el celo del presidente. Si eso llegara a ocurrir, y tocamos madera él y todos los colombianos, para ese momento futuro Santos espera estar debidamente vacunado mediante el despliegue de su lucha contra este fenómeno.
Como golfista, Santos ha logrado un stance inmejorable. Esto es, tiene la postura adecuada, el objetivo perfilado y las herramientas empuñadas de manera correcta. Ha comenzado a preparar el tiro y todo indica que acertará. Pero gobernar a Colombia pueden ser los 18 hoyos más desafiantes del mundo. Es en la ejecución donde se juzgará si alcanza la consagración.
Cronología: Los triunfos del gobierno de Unidad Nacional
2010
Agosto 9
Un día después de posesionarse, el presidente Juan Manuel Santos se reunió con los presidentes de las altas cortes para relanzar las relaciones con la Rama Judicial. En ese encuentro acordaron trabajar de forma conjunta por la reforma a la justicia, pero hoy, un año después, no hay acuerdo y ya se ve un claro deterioro en las relaciones.
2010
Agosto 10
Con un encuentro con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en Santa Marta, Santos logró el restablecimiento de las relaciones. Se ha avanzando en el pago de la deuda con exportadores y planes de infraestructura. Pero el comandante de las Fuerzas Militares, almirante Édgar Cely, reconoció que las Farc siguen en Venezuela.
2010
Abril 10
Tras conseguir un puesto como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, Colombia asumió la presidencia rotativa de este organismo.