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La movilidad social en Francia

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Sin la aceptación del carácter multicultural de la sociedad francesa, cualquier reinvención de la movilidad social estará condenada al fracaso.

Francia se contaba entre las sociedades con mayores posibilidades de movilidad social hace 30 años, pero hoy el estatus social y económico de los padres tiende a postergarse sin importar cuánto talento posean las nuevas generaciones.

Casos como el del presidente Georges Pompidou —hijo de docentes y campesinos modestos del centro del país— parecen cada vez más lejanos y excepcionales en un escenario político avasallado por una élite de funcionarios con poca o ninguna proximidad con las bases sociales. Aunque la promoción existe en la actualidad, el incremento del nivel de especialización de los jóvenes, sumado a la precariedad del empleo, han bloqueado el ascensor social.

Si el fenónemo es moneda corriente en muchos sectores y grupos de la sociedad francesa, el cuerpo docente lo constata en su práctica pedagógica en la educación básica y media de una forma paradójica y singular. El cubrimiento educativo de las últimas generaciones no tiene precedentes en la historia del país, pero al mismo tiempo, las trayectorias sociales ascendentes para los individuos de las clases populares que acceden masivamente a la escuela son cada vez más raras. Por eso, para muchos jóvenes, la escuela parece una fábula sin moraleja que no garantiza el ascenso social, y que en cambio, confirma que la meritocracia sobre la que se basa la legitimidad de la autoridad social y el funcionamiento del Estado es un discurso lejano y con poco eco en su vida cotidiana.

Por otro lado, las trayectorias descendentes de hijos de ejecutivos, intelectuales y empresarios se han incrementado. Para la capa de la población que se encuentra entre los 30 y los 40 años las condiciones de vida se han deteriorado, algo que se le atribuye al retardo industrial y económico frente a otros países, a la ausencia de flexibilidad del mercado de trabajo y a la inmigración. Este incremento es una de las variables que explican que el Frente Nacional haya logrado salir de un contexto rural y semi-rural para conquistar un electorado joven y urbano.

Si durante la segunda mitad del siglo XX la movilidad social de los hijos de la inmigración estuvo acompañada del olvido de la identidad de sus padres, el despertar del Islam y la nueva composición étnica y cultural de Francia hacen más difícil concebir el mismo proceso en el futuro. Tomar el ascensor social ciñéndose al pie de la letra a un modelo republicano y laico puede resultar menos atractivo que afirmar su pertenencia a una comunidad de origen. Este terreno no es sólo propicio para el populismo de extrema derecha. También lo es para el radicalismo djihadista.

La reactivación económica puede ayudar a restablecer las pasarelas sociales y a incluir sectores de la sociedad que se encuentran marginados, pero sin la aceptación del carácter mestizo y multicultural de la sociedad actual, cualquier reinvención de la movilidad social en Francia quedará condenada al fracaso.

Feliz navidad para el equipo de El Espectador y para todos mis lectores.

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