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Con mucha frecuencia me encuentro con declaraciones misionales o expresiones éticas en infinidad de documentos, expresiones de política estratégica o códigos de conducta de algunas compañías como estas dos:
“La organización XYZ asume la gran responsabilidad de velar por la integridad y la reputación de su objeto de actuación en el mundo… se esfuerza constantemente para evitar prácticas y métodos ilegales, inmorales o contrarios a los principios éticos que puedan empañarnos o perjudicarnos… todos nuestros empleados deberán representarnos con honestidad, dignidad, decencia e integridad”, o ésta de otra compañía colombiana: “Las personas deben enmarcar su comportamiento conforme a las más altas exigencias jurídicas y éticas… tanto en el interés de los inversionistas… como en el de la comunidad en general… (Nuestros ejecutivos) deben anteponer la observancia de los principios éticos al logro de las metas comerciales”.
Ambas expresiones demuestran organizaciones comprometidas con la ética y los valores fundamentales. Lo que descubre uno con el paso del tiempo y de los acontecimientos es que dichas expresiones no pasan de ser discursos poco practicados y mucho menos interiorizados en la cultura y en la manera de actuar de los ejecutivos de dichas organizaciones.
Para no ir muy lejos, la primera es la declaración ética de la FIFA y la segunda es el compromiso de valores éticos que promulgó Interbolsa años atrás. Vuelvo a releer dichas expresiones y me pregunto: ¿Qué pasa en nuestra sociedad? ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Qué sucede en la mente de los ejecutivos de compañías como esas cuando primero promulgan las declaraciones y después actúan en contrario?
Alguien podría decir que nos hace falta normativa o un sistema judicial que actúe en el tema. Posiblemente sí, pero aún con un nuevo Estatuto Anticorrupción el asunto no mejora significativamente. De pronto, como lo expresa Martha Nussbaum reconocida filósofa norteamericana en una reciente conferencia en Colombia, hay algo de responsabilidad también en nuestro sistema educativo, y allí tenemos otros parte de la responsabilidad. Señala ella que hemos descuidado en el sistema educativo la formación de ciudadanos que sean capaces de mantener viva una democracia. Al eliminar a las humanidades y a las artes de la formación, para privilegiar algo más “competitivo”, descuidamos lo que es esencial a la educación como la capacidad de pensar críticamente, la capacidad de trascender, la capacidad de entender los verdaderos problemas de la sociedad, la capacidad de imaginarse al otro de la sociedad, la capacidad de incluir y entender la diferencia, la capacidad de dirimir problemas y dilemas éticos en nuestro actuar profesional.
Acercándonos a Navidad y a un nuevo año es justo reflexionar sobre los caminos que debemos recorrer para enfrentar una sociedad distinta, que como decía nuestro premio Nobel en la famosa comisión de sabios: “Que se quiera a sí misma” y que tenga por qué quererse y que le inyecte a la canasta familiar nuevas dosis de ética y estética que orienten nuestras actuaciones. Celebro, por ejemplo, el discurso del nuevo alcalde de Bucaramanga cuando reclama como principios centrales de su actuación política la lógica, la ética y la estética.
Haciendo algo de lo anterior podríamos enfrentarnos a ese cáncer de la corrupción que le cuesta al país entre 1 y 2 puntos porcentuales del PIB. Si fuésemos simplemente pragmáticos, esos dos puntos porcentuales serían más que suficientes para financiar el hueco fiscal del país y de paso todos los costos del posconflicto.
La invitación es a que controlemos la inflación de discursos en las expresiones éticas de organizaciones públicas y privadas, y que más bien dediquemos todo nuestros esfuerzos a transformar las personas desde la educación y la familia. Allí está posiblemente la única manera a través de la cual tendríamos herramientas de sobra para evitar que casos como la FIFA o Interbolsa sigan llenando las páginas de los periódicos, en lugar de buenas noticias para la sociedad.
De postre
Aprovecho para desear a todos mis lectores una Feliz Navidad en familia. Que la llegada de ese Niño Dios sea un motivo para que nuestra sociedad cambie y nos preparemos a un año en el que la tolerancia, el respeto, el perdón y la reconciliación se necesitarán tanto.
jrestrep@gmail.com /@jrestrp