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Según la última balanza cambiaria consolidada del Banco de la República (BR), a septiembre 2014 los ingresos de divisas por exportaciones petroleras fueron US$ 14,984.5 millones, a septiembre 2015 se habían reducido a US$ 7,774.7; los ingresos por inversión extranjera directa pasaron de US$ 13,270.4 a US$ 9,774.7; los ingresos por endeudamiento de las empresas privadas se redujeron de US$ 24,196 millones a US$ 12,808.1.
Es decir, de un año a otro el ingreso de divisas en Colombia se redujo casi US$ 22 mil millones. Las razones son obvias: el petróleo está a US$ 32 barril, ya no es rentable invertir en petróleo, ya no es barato financiarse afuera. Una cuestión adicional es observable: el endeudamiento de las empresas privadas en los mercados internacionales es la principal fuente de divisas en Colombia.
En términos agregados, entre los mismos periodos, los ingresos por exportaciones y servicios se redujeron en US$ 9,667.5 millones, los egresos por importaciones y servicios en US$ 9,597.5 millones, y los movimientos netos de capital en US$ 6,128.0 millones. En resumen, entre septiembre 2014 y septiembre 2015, el movimiento total de divisas en Colombia tuvo una variación absoluta negativa de US$ 6,198.0 millones.
No debería sorprender entonces la enorme devaluación de la tasa de cambio del peso colombiano frente al dólar estadounidense: 41% entre noviembre 2015 y 2014. A fin de noviembre la tasa era 3,101.1 pesos por dólar. Y como la caída de los ingresos externos continúa, la moneda sigue devaluándose: el 15 de diciembre la tasa fue 3,356 pesos por dólar. Dadas esas cifras, pretender que con 500 millones de dólares el BR evite una mayor devaluación parece irreal.
Se esperaría que esa devaluación haga muy rentable exportar o sustituir importaciones. Así, cualquier empresa grande o pequeña podría hacer planes de inversión para expandirse y conquistar nuevos mercados.
No es suficiente. Se requiere que la devaluación represente una ganancia de competitividad para los productores. La tasa de cambio puede devaluarse fuertemente y mantenerse no competitiva pues los otros países con cuyos productores se compite pueden también estar devaluando significativamente. Afortunadamente los chinos, los principales competidores, en todos los mercados, en todos los productos, no están devaluando a esa velocidad.
Sobre todo, se requiere que la nueva tasa de cambio sea estable; ningún inversionista arriesgará recursos para expandir su capacidad de producción o conquistar nuevos mercados sin conocer si esa tasa de cambio elevada se mantendrá el tiempo suficiente para recuperar su inversión. De tal modo, si se quiere que la economía colombiana encuentre una nueva locomotora, lo que el BR debería hacer es preocuparse de que la tasa de cambio no baje, en lugar de tratar de evitar que suba… a costa de quedarse sin reservas.