Publicidad

El giro conservador de la literatura latinoamericana

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

¿En qué momento dio la literatura latinoamericana el giro conservador que hoy la caracteriza? Es significativo que algunos de los más reconocidos escritores en la región celebren el retorno de la vieja derecha como si fuese un triunfo ético de las víctimas.

En Colombia, los novelistas que opinan en los medios acerca de la política venezolana suelen utilizar sin mayor rigor términos tales como dictadura, estado fallido y perpetrador, o fascismo. En Argentina, otros y otras hablan sin temor a exagerar de la mínima victoria electoral de Macri como un triunfo decisivo respecto de “la dictadura K.”

Este tipo de opiniones apelan al orden de lo simbólico, la ética y la norma. Son distinguibles de las críticas más rigurosas y sustanciales que otros autores en su mayoría provenientes de la teoría social y la propia izquierda, han dirigido desde tiempo atrás contra las derivas verticales de los partidos progresistas de la “marea rosada” latinoamericana.

Las primeras son ejemplo de un giro cuya orientación es la ética considerada en el nivel de lo simbólico. Ello explica su carácter conservador. Se trata de una crítica externa, situada por encima y en contra de cualquier forma de militancia política a la cual considera potencialmente dogmática. Resuena con la opinión de buena parte de la novelística contemporánea según la cual los escritores de la generación del 70, la de García Márquez y Cortázar, se habrían acercado en demasía al poder y la utopía.

Los segundos, en cambio, ejemplifican un tipo de crítica interna para la cual ninguna filosofía o sociología puede reclamar para sí una posición de autoridad respecto de la potencialidad inmanente a una situación concreta.

Ello contrasta con la actitud de quienes reclaman para la literatura el papel de un nuevo punto externo de autoridad desde el cual todas las formas de militancia pueden encontrarse culpables de fanatismo o utopismo ciego. Las más de las veces, este tipo de concepción de la literatura (que no debe confundirse por supuesto con lo mejor de la producción literaria actual entre nosotros) está acompañada de un tono melancólico que eleva la finitud de la condición humana al plano metafísico.

Se trata de una versión cristianizada de las éticas de la otredad cultural y el desencanto desesperanzador que caracterizaron a los nuevos filósofos franceses tras el final de su romance tercermundista el siglo pasado. Tendrá algo que ver también con el control de las multinacionales sobre la prensa y los medios.

Pero contrasta con y reduce a la imposibilidad el nuevo tono de la política de la honestidad y la esperanza expresado por Ada Colau en España esta semana, y por los movimientos que siguen luchando desde abajo en la América Latina del siglo veintiuno. 

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido