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La titulación de esta columna podría ser el título perfecto para una novela; sin embargo, es el subtítulo de una publicación (1). que hace menos de un mes fue lanzada (léase presentada) por el Ministerio de Cultura y que responde a una juiciosa investigación sobre un conspicuo personaje, a quien desde hace muchos años se le reconocía como “el decano de la cocina colombiana”; se trata de Lácydes Moreno Blanco (sic) LMB.
La publicación referida, es una semblanza que recorre casi un siglo de existencia; en ella aparecen datos y pensamientos que merecen ser conocidos por la naciente comunidad de cocineros de Colombia y también, ¿porque no?, por el inmenso círculo de amigos que con su amena charla dejó esparcido por muchas ciudades del país. ¡Entiéndase! no existe, ni ha existido en nuestro medio persona más experimentada en el universo culinario y en los enigmáticos avatares del sibaritismo que este ciudadano del Caribe. Es un hecho: mucho antes que Segundo Cabezas, Saúl García y Kendon Mc Donald, trío de reconocidos gurús –cada uno en su momento– LMB ya navegaba con profundidad y solvencia por los vericuetos de nuestra desconocida cocina colombiana y pregonaba a diestra y siniestra –cual orate solitario- la gran variedad y riqueza del fogón andino, del fogón llanero, del amazónico, del Pacífico y de aquel su preferido: el fogón del Caribe. Fue LMB quien nos enseñó a reconocer el acervo de conocimiento de las cocineras campesinas y urbanas (cocineras populares) y a disfrutar de la prolífera oferta de productos existente en las plazas de mercado, así como de los aromas y sabores propios a los comedores populares de dichas plazas. Pero lo paradójico en este personaje es que su pasión y reconocimiento por lo popular estaba sólidamente sustentado por su otro mayor apetito: la cultura y los libros (2). LMB era un intelectual, sencillo y elegante quien perteneció a diferentes academias del saber, dejando un valioso legado de artículos, ponencias y libros de su autoría, que ojalá algún día logren su reedición. Finalmente, es necesario reconocer que este hombre ajeno a fortunas materiales, gracias a su inteligencia, a su amabilidad, a su fino sentido del humor y a su magnífico don de la palabra, recorrió el mundo entero haciéndose conocedor de sus cocinas y maestro de maestros al momento de evocar cualquiera de ellas. Afortunadamente, el Ministerio de Cultura tuvo la acertada visión de reconocer el trabajo de LMB otorgándole en el 2014 el Premio Nacional Vida y Obra; permítaseme sugerir que esta publicación, la cual he reseñado muy superficialmente, debería de gozar de una bien planeada distribución (3) que garantice su difusión en tantas escuelas y academias de cocina que hoy abundan en nuestro país. Reitero: esta magnífica semblanza debe de ser divulgada profusamente, porque LMB es un personaje que merece ser emulado por la profundidad de su conocimiento culinario y a la vez por la sencillez y contundencia de su charla para transmitirlo.
(1) Carbonell, José Antonio / Duque Mahecha Juliana. Lácydez Moreno Blanco: La palabra y el fuego. Imprenta Nacional de Colombia. Mincultura. Bogotá 2015.
(2) La biblioteca culinaria de LMB hoy hace parte de la biblioteca institucional de la Academia de Cocina Verde Oliva.
(3) Esta publicación está sometida a la condición de material impreso de distribución gratuita con fines didácticos y culturales. Queda prohibida su comercialización.