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MIAMI.- El gran talón de Aquiles de quienes defienden la venta libre de armas en Estados Unidos podría ser un “enemigo” que, con el correr de los años y de la radicalización, se ha convertido en un verdadero fantasma, a veces paranoia, a veces realidad: el terrorismo.
Tres días después de los ataques en París el grupo extremista Estado Islámico o ISIS (por sus siglas en inglés) dio a conocer un video, por internet, en el que amenazaba con ejecutar, en Washington D.C y Nueva York, acciones parecidas a las que paralizaron a la capital francesa. Aunque no hay en estos momentos alertas máximas en este país, lo sucedido en San Bernardino confirma lo que el FBI ha dicho más de una vez: es imposible detectar a unos sujetos – un hombre y una mujer, estaban casados, tenían nombres musulmanes- sin antecedentes de ninguna clase, que abrieron fuego, con rifles de asalto, en esa ciudad de California, y asesinaron a 14 indefensos ciudadanos que estaban de fiesta de navidad en un local alquilado para la ocasión por el departamento de salud del condado donde trabajaba uno de los atacantes, Syed Rizwan Farook .
Los investigadores encontraron armas, municiones e insumos para fabricar bombas en la casa donde vivían los asesinos, quienes murieron en un enfrentamiento con la policía. Para nadie es un secreto que esa pareja pudo comprar tal cantidad alucinante de fierros acaso por internet o en cualquier almacén de pistolas o rifles e incluso en uno de los llamados “gun shows”, o ferias de armas, donde a nadie se le niega, si tiene el billete, un revólver o una ametralladora.
La Asociación Nacional del Rifle, grupo estadounidense que defiende a ultranza la posesión y venta libre de armas (sin ninguna restricción), ha estado montada, durante varios años, en la idea de que son los locos los que disparan y que entre más gente cargue su pistolita, más segura será una sociedad. El problema es que en esta era digital e interconectada, con el ingrediente de esa combinación explosiva de inestabilidad social y política, alienación religiosa, intervencionismo de las grandes potencias y guerra prolongada contra la amenaza terrorista global que proviene de grupos como ISIS o Al Qaeda, afincados en el Medio Oriente, es de verdad un enorme riesgo mantener el acceso libre a los fierros como sucede en Estados Unidos, al socaire de la Segunda Enmienda que convirtió en derecho civil, tan fundamental como la libertad de prensa o de credo, el porte de armas.
Después de esa gran herida abierta el 11 de septiembre de 2001, en el corazón del capitalismo mundial, y contra varios de los símbolos del poderío estadounidense, ésta aún potencia global tomó medidas impensables en otros momentos: permitir las licencias de conducción sólo a los residentes o ciudadanos (antes cualquier podía sacar un pase) , requisas insufribles en los aeropuertos, detectores de metales en todas partes, a la entrada de los juzgados, de los edificios del gobierno o, incluso, en atracciones de masas, como los parques de diversiones de Orlando.
Aquí se habla de los “lobos solitarios” (lone wolves), es decir, sujetos radicalizados (musulmanes o no) que podrían llevar a cabo ataques armados, motivados por una ideología o religión, sin vinculación alguna a una célula o grupo terrorista, local o internacional. Por esa razón, podrían pasar desapercibidos por completo, hacer sus compras letales sin ningún problema, porque no tienen ningún antecedente criminal y navegan sin que los radares de la poderosa inteligencia gringa los pueda detectar.
Y en cualquier momento, por cualquier motivo, disparan a diestra y siniestra y producen una masacre. Esta sociedad tan avanzada en ciencia y tecnología, tan sofisticada en varios aspectos de su vida colectiva, está sentada en un polvorín. Empieza ya a ver, sin tregua, la miseria de su propio invento. Como bien lo reseñó el Washington Post, “en lo que va corrido del año, el número de masacres ya ha superado el número total de matanzas de 2014. (…) Y el ritmo está muy por encima de 2013, cuando hubo un total de 363 tiroteos con varios muertos”.
A mi manera de ver, por la misma amenaza interna e incontrolable, que puede poner en peligro la tranquilidad de millones, estarían contados los días gloriosos del mercado libre de armas en Estados Unidos. Pero el debate no será fácil y la poderosa industria bélica moverá todas sus fichas para que eso no suceda.