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La automática asociación que hacen muchos norteamericanos entre los atentados a la torres gemelas destruidas por terroristas suicidas en septiembre 11, con el islam, en cuyo nombre actuaron estos últimos, hace intolerable la posibilidad de una mezquita en el lugar, así se limite la libertad de cultos, uno de los pilares de la constitución americana. El proyecto cuenta con el apoyo del alcalde de Nueva York Michael Bloomberg y del presidente Obama.
Los prejuicios y temores que la sociedad Americana ha desarrollado frente al Islam están aflorando en una controversia a la que adicional a la fuerte carga emocional, se le agregan factores políticos y electorales. Líderes republicanos como la ex candidata vicepresidencial Sara Palin se han opuesto radicalmente a la construcción del Centro.
El debate demuestra lo que se ha convertido en un patrón y es la asignación de culpas grupales por actos individuales. La comunidad musulmana paga por los actos de un puñado de terroristas. Los proponentes del Centro Córdoba exponen que la mezquita es lo que se necesita para neutralizar posibles tendencias a la violencia entre jóvenes musulmanes. Los oponentes aducen que por el contrario, es en este tipo de lugares donde comienza el adoctrinamiento a la yihad y a la promoción de la Sharia, ley islámica.
No hay duda de que las diferencias culturales, principalmente en el tema de la mujer, la intolerancia a la crítica religiosa, la percepción que el islam es un sistema de valores contrario a los de occidente y el terrorismo de grupos radicales, han generado un sentimiento de ansiedad que está invadiendo a los países de occidente donde hay presencia de comunidades musulmanas.
Ya en Europa se han producido hechos como la prohibición a la construcción de minaretes en Suiza y al uso del velo y burkas en Bélgica, Francia y otros países. Aunque la guerra de civilizaciones prevista por Samuel Huntington no ha comenzado, ya se están dando numerosas escaramuzas.