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¿Ellos o nosotros?

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Dada su rebeldía y la amenaza por parte de la derecha de su propio partido, es poco probable que el líder socialista inglés Jeremy Corbyn tuviese otra opción que permitir a sus parlamentarios votar en conciencia este miércoles la propuesta gubernamental de extender los ataques aéreos a Siria.

La idea de intensificar el segundo acto de la guerra contra el terror, que no requería votos laboristas, contará con estos. Ello libra a David Cameron de asumir la responsabilidad por el éxito o el fracaso de la aventura belicista.

Esto revela la debilidad de una convicción presa del cálculo y la necesidad de asegurarse a cada paso contra los posibles riesgos futuros. Donde los comentaristas corrientes ven fortaleza y decisión, deberíamos observar más bien la debilidad e impotencia de quienes nos gobiernan, de su lenguaje y de los valores que éste encarna.

Algo así ha argumentado el filósofo francés Philippe-Joseph Salazar en un libro titulado Palabras en armas, que ha causado un debate necesario tras los trágicos hechos de París. Su punto de partida es tan viejo como Platón: la política es el arte de la persuasión y la retórica un arma de persuasión masiva. Pero si ese es el caso, entonces “nosotros los demócratas, nosotros los republicanos franceses hemos perdido, y ellos han ganado”.

Prueba de ello es que ni siquiera podemos responder quiénes son ellos. ¿ISIS, Daesch, EI o Syrak? ¿Son tan diferentes de Al Nusra, el afiliado de Al Qaeda y los otros grupos “moderados” con los que Cameron cuenta al hablar de 70.000 combatientes prestos a enfrentarse a EI? ¿Son los extranjeros a las puertas de Europa o los franceses y británicos que dispararon en París o viajan a Siria para restaurar el califato? Si no podemos responder por ellos, mucho menos podemos responder: “¿quiénes somos nosotros?”.

Salazar compara la reacción frente a EI y aquella otra de las monarquías europeas más o menos constitucionales frente al jacobinismo. Entonces como ahora, la aristocracia europea prefirió descalificar aquello que era incapaz de entender. El sarcasmo y los bombardeos aéreos nos distraen de la realidad política y emotiva de una mayoría suní sin esperanza ni proyecto tras la caída del Imperio otomano, el fracaso del panarabismo socialista y los nuevos intervencionismos. Pero también de nuestra incapacidad para invertir en los ideales de igualdad, fraternidad y libertad. La pregunta es, entonces, ¿cuál es nuestro proyecto?

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