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Fue el 7 de febrero pasado que se conocieron las primeras noticias. Ese día, el obispo de Montería, monseñor Julio César Vidal, quien fuera delegado por la iglesia católica durante el proceso de desmovilización paramilitar en Santa Fe de Ralito, reveló que las bandas criminales de ‘Los Urabeños’, ‘Los Rastrojos’, ‘Los Paisas’ y ‘Las Águilas Negras’, lo buscaron a través de emisarios para que le haga llegar al Gobierno su mensaje de querer buscar un espacio de acercamientos y negociación para someterse a la justicia.
En ese momento, el gobierno del presidente Juan Manuel Santos reiteró su negativa a cualquier diálogo o negociación con miembros de grupos criminales y, por el contrario, anunció una ofensiva militar para combatirlos, dejando sin embargo una pequeña ventana abierta. “No hay negociación, hay interlocución para ver en qué términos y en qué condiciones se realiza ese sometimiento a la justicia por parte de estas bandas criminales”, afirmó el primer mandatario durante un consejo de prosperidad realizado precisamente en Montería.
“Las leyes ya ofrecen una serie de posibilidades de cómo personas pueden colaborar con la justicia y entregarse a ella y bienvenidos sean todos los que se quieran entregar”, señaló por su parte Sergio Jaramillo, alto consejero para la seguridad nacional, advirtiendo que “de ninguna manera” habría un diálogo o negociación con los miembros de esas bandas.
Y Germán Vargas Lleras, ministro del Interior y de Justicia, reiteró que el sometimiento de las bandas criminales a la justicia no significa un proceso de negociación. “Qué bueno que una persona que este sindicada de algún delito o no lo esté, pero lo haya cometido, se someta a la justica colombiana”, dijo, aclarando que a las organizaciones criminales en mención no se les puede dar un estatus político.
En ese momento, el tema se quedó quieto. Hasta esta mañana cuando nuevamente monseñor Vidal contó que los contactos han seguido y que ha recibido cartas de los líderes de las ‘bacrim’ reiterando su disposición a entregarse “para acabar con tanta violencia en Colombia”. Sólo que esta vez ya habla de más de 5.000 de sus integrantes, ubicados en diferentes partes del país, como Nariño, el Cauca, Córdoba y el Magdalena Medio.
Lo que piden, según el alto prelado de la iglesia católica, es “que se les respeten sus derechos, que haya quién responda por sus vidas y que se organice una logística mínima para su entrega”. Y aunque no quiso entregar nombres, reveló esta vez que los nombres de alias ‘Valenciano’ y los hermanos ‘Comba’, algunos de los principales jefes de las bandas de narcotraficantes que operan hoy en el país, han aparecido en algunos de los mensajes que le han llegado.
“No quiero dar nombres propios pero sí puedo decir que se trata de personas que son dirigentes, las cabezas de esto (…) son grupo de mafiosos y ellos reconocen que son narcotraficantes, quieren hacer esto y eso necesita un mínimo de espacio, no para negociar sino para determinar quién es la persona que va a responder, dónde y cómo lo harían, en cuántos lugares del país, en qué fechas, cuál es la cárcel donde van a ser confinados (…) todas esas cosas que incluye un sometimiento a la justicia”, agregó.
El jerarca católico indicó que además del sometimiento, las ‘bacrim’ estarían dispuestas a entregar armas, rutas y cultivos, buscando así recibir los beneficios que otorga la ley en cuanto a rebaja de penas, y que el fantasma de la extradición no les preocupa. “Cuando ellos comenzaron a tener contacto conmigo, uno de los grupos me dijo: nosotros sabemos que varios somos extraditables pero no nos importa, queremos parar la violencia en el país”, contó monseñor Vidal en diálogo con Caracol Radio.
Y en cuanto a las versiones sobre contactos que también se estarían haciendo por parte de esas bandas criminales en el exterior, el prelado señaló que le han mandado a decir que así es, aunque no conoce de quién o quiénes se trata. “Ellos no piden mesa de negociación sino que el Gobierno les abra un espacio para el sometimiento. Ellos me han mandado comunicaciones, y allí es donde les digo que son los que me animan, porque esto no lo cree nadie”, concluyó monseñor Vidal.