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Hace tres años, José Antonio Vargas, periodista de origen filipino ganador del prestigioso premio Pulitzer en 2008 como parte del equipo de reporteros del Washington Post que cubrió la matanza en la Universidad Virginia Tech en 2007, confesaba en un artículo para The New York Times que era un inmigrante indocumentado.
En su nota titulada “Mi vida como inmigrante indocumentado” decía que había llegado a Estados Unidos a los 12 años para vivir con sus abuelos filipinos, ilegales también. “Mi mamá quería darme una mejor vida. Me envió a miles de millas de distancia para vivir con sus padres en Estados Unidos”, escribió Vargas. A los 16 años sus abuelos le compraron la Green Card (tarjeta de residencia) y ese día, cuenta, decidió “no darle razones a nadie para que dudaran de que era estadounidense”.
Con un pasaporte falso logró conseguir sus papeles y durante casi 15 años tuvo diferentes trabajos, hasta que llegó a uno de los periódicos más prestigiosos del país. “Sentía que la mentira se hacía cada vez más grande y me sentía muy mal”. Fue entonces cuando decidió confesar su ilegalidad. “Ver la movilización de jóvenes que buscan que se materialice el proyecto de Dream Act (siglas en inglés de la Ley para el Desarrollo, la Asistencia y la Educación de Menores Extranjeros) que le otorgaría estatus migratorio a más de un millón de jóvenes indocumentados, muchos de los cuales llegaron a Estados Unidos cuando eran niños, hizo que me decidiera a contar mi historia”, relató Vargas tras su confesión.
Con esa misma inspiración, hoy representada en 57.000 menores centroamericanos que han llegado ilegalmente y solos a Estados Unidos, José Antonio Vargas decidió relatar la historia de los niños. Desde que confesó su ilegalidad, se convirtió en un activista proinmigración y ha realizado reportajes en los que pone en evidencia los problemas de los menores que han crecido en EE.UU. y no conocen otro país, pero que se exponen a ser expulsados en cualquier momento.
Vargas, el ilegal más famoso de Estados Unidos, como lo califican los medios de comunicación de ese país, decidió unirse en McAllen (Texas) a otros grupos en una vigilia de apoyo a los menores centroamericanos que están llegando masivamente por la frontera suroriental, pero fue detenido, según las primeras informaciones “por indocumentado”. La organización Define American, fundada por Vargas, explicó en un comunicado que el activista fue detenido cuando se disponía a tomar un vuelo hacia Los Ángeles desde McAllen, lugar que está tomado por la Patrulla Fronteriza y policías locales y estatales apostados a lo largo del río Grande/Bravo, por donde llegan las oleadas de inmigrantes que han desatado la crisis migratoria más grande de los últimos tiempos en EE.UU.
El periodista, una de las figuras más relevantes en el debate migratorio, estaba documentando la labor de las organizaciones que ayudan a las familias con niños que llegan de forma clandestina a Estados Unidos huyendo de la violencia y la pobreza de su países. Ryan Eller, director de Define American, le pidió al presidente Barack Obama y al secretario de Seguridad Interior, Jeh Johnson, su colaboración para que Vargas sea puesto en libertad. “Nuestro país es mejor que esto —más humano, más compasivo— y estamos luchando por un país mejor, pero que todavía no nos reconoce”, manifestó el activista.