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«Vamos a hacer un instrumento de paz y justicia»

Al sancionar la Ley, el presidente Santos hizo un llamado a los violentos a buscar los cambios dentro de la democracia.

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“Hemos sufrido mucho, hemos llorado mucho; hemos sentido el golpe de la mano asesina, el dolor de las viudas y los huérfanos, el desamparo de los despojados, y tenemos el reto, la obligación, el anhelo, de sacudirnos las cenizas y continuar el viaje. Y vamos a hacerlo, colombianos. Podemos hacerlo (…) si hemos tenido víctimas, si aún siguen produciéndose víctimas, vamos a ubicarnos y a pararnos en la orilla que nos corresponde: al lado de ellas, de su parte, abrazando y comprendiendo su sufrimiento”.

Así lo declaró ayer el presidente Juan Manuel Santos, al sancionar la Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras, en un acto especial llevado a cabo en la Plaza de Armas de la Casa de Nariño, que contó con la presencia del secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y la candidata al Premio Nobel de Paz, la ruandesa Yolandé Mukagasana, en un mensaje simbólico al mundo de que el país quiere comenzar a transitar por los caminos de la reconciliación.

En su discurso, el primer mandatario hizo alusión a las palabras pronunciadas durante su posesión, el pasado 7 de agosto, cuando dijo que le llegó la hora a Colombia: “Ahora más que nunca sentimos que esa hora se aproxima. Porque al fin nos miramos y nos reconocemos sin caretas, sin eufemismos, sin falsas consolaciones. Porque asumimos nuestra responsabilidad como sociedad. Porque nos hemos propuesto que el sol de la prosperidad salga para todos, pero primero —antes que nada— que salga para los más olvidados, para los más sufridos, para los inocentes que hasta hoy han cargado en soledad el peso de su dolor”.

Santos enfatizó que el de ayer fue un día histórico y de esperanza para el país, “en el que no sólo los colombianos, sino el mundo entero, son testigos del propósito de un Estado que, en nombre de la sociedad, está dispuesto a pagar una deuda moral, una deuda largamente aplazada, con las víctimas de una violencia que tiene que terminar, que vamos a terminar.

En este sentido, destacó la presencia de Ban Ki-moon en el acto sancionatorio de la Ley, lo cual “confiere aún más validez y significado al paso histórico que estamos dando”, al tiempo que agradeció a las agencias de las Naciones Unidas que hacen presencia en Colombia, “cuyo papel ha sido fundamental, no sólo en la discusión de esta ley, sino en todo el proceso de fomentar escenarios de reconciliación y espacios de desarrollo económico y social para las víctimas del conflicto”.

El presidente agradeció también al Congreso y, especialmente, a las organizaciones de víctimas por sus aportes y por “su esfuerzo continuo y denodado por hacer valer las voces de tantos colombianos que, si no fuera por ustedes, se habrían esfumado en el silencio”. Y agregó: “Cuenten con nuestro apoyo, más ahora que tenemos esta ley, y con nuestra protección, la del Gobierno y la Fuerza Pública, para que puedan seguir ejerciendo su importante labor y para que algún día, ojalá más pronto que tarde, no tengan ya que existir, cuando ya no haya víctimas y aquellas que hubo en el pasado estén reparadas”.

Por su parte, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, expresó su respaldo a la Ley y llamó a todos los colombianos a comprometerse en la defensa de los derechos humanos. “La sociedad tiene que reconocer el dolor y sufrimiento de las víctimas. Esta ley tiene el apoyo de la ONU. Pero una buena ley no es suficiente”, dijo, haciendo énfasis en los desafíos que implica la aplicación de la norma, pidiendo mantener un diálogo fluido con las víctimas para superar las dificultades. “Las violaciones a los derechos humanos no deben ser toleradas (…) nadie puede ser excluido (de los beneficios que reconoce la Ley), tampoco los niños”, subrayó.

En efecto, Santos reconoció que ahora, con la Ley en vigencia, es cuando se pone a prueba la capacidad y la voluntad no sólo del Estado, sino de toda la sociedad colombiana, para cumplirles a las víctimas: “No llegamos a esta cima para quedarnos sentados sobre ella ni mucho menos para volver atrás (…) la escalamos para llevar al país a un mañana de reconciliación, de verdad, de justicia y, finalmente porque esa es nuestra meta y la de todos los colombianos: de paz. Porque no sólo estamos hablando de paz. Estamos construyendo las condiciones para la paz. Y quienes no entiendan esto —y me refiero en especial a los grupos armados ilegales—, quienes no sepan leer los tiempos que vivimos y el rumbo que toma el país, habrán perdido para siempre el tren de la historia”.

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