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Esa identidad que se adquiere en la escuela de La Masía y que se había venido perdiendo con técnicos como Martino y Luis Enrique en su etapa inicial hasta cuando la plantilla lo aconductó sobre cómo era el juego y sus principios.
Las tres “pes”, posesión-presión-posición, estuvieron nuevamente presentes. Ese es el mapa genético del Barça, del equipo que modeló en su momento Cruyff, tuvo como valedor a Rijkaard, patentó y llevó a la gloria a Guardiola y ahora marcha embalado en la Liga española tras la exhibición del sábado.
La posesión fue tremenda. Los rondos, lo que acá se conoce como “el bobito”, fueron larguísimos, eternos, manejando y acariciando la bola, siendo dueños con la pelota del ritmo y los tiempos del partido. Mientras tengas el balón, manejas tiempo, frecuencia e intensidad, dice Guardiola. Los 36 pases que hizo el Barça en el primer gol de Suárez, llevando la pelota, devolviendo la acción hasta encontrar el hueco por donde filtrar, recordaron las épocas de Xavi-Iniesta-Messi.
La posición, esa que se había perdido por querer asimilar un fútbol más directo, más vertical, volvió de la mano de conceptos con el gen Barça. Principios básicos como el hombre libre, el concepto del tercer hombre, salir para entrar, volvieron a funcionar a la perfección y mientras el Barça pueda tener la esférica, posesión y le añada la posición, será difícilmente controlable por la identidad, el conocimiento, la escuela futbolística. Se juntaron, se demarcaron, abrieron la cancha, fueron anchos y cortos, como en los viejos tiempos.
La presión fue intensa, controlando la salida del Madrid y robándole la bola a Kroos-Modric, poniendo a Ramos a tirar pelotazos por la incapacidad de generar el primer pase. El sacrificio de Neymar-Suárez-Iniesta para colaborar en la recuperación desde bien arriba. Volvió el Barça de los mediocampistas, de los que saben jugar a la pelota.
Luis Enrique le probó un nuevo “vestido” táctico al Barça. Aprovechó el gran momento de Sergi Roberto, otro de la cantera, para proponer un 4-4-2 que le dio seguridad defensiva y le permitió la posesión y la posición con la pelota y la presión en la recuperación. Interesante variable que podría tener una mejor versión todavía con Arda Turan desde enero. Cuando entró Messi perdieron marcación e intensidad en la presión. Más juego, menos equilibrio y Madrid tuvo oportunidades de gol.
Una línea final: Iniesta merece el Balón de Plata. Ese es mucho jugador de fútbol.