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Quizá porque tengo siete sobrinas cuyos sueños me importan, quizá porque tengo muchas amigas cuyos talentos me asombran, o quizá solo porque pienso que es una locura no alentar y reconocer el potencial pleno de la mitad de la raza humana, yo sigo buscando en el cine algo mejor. Algo más equitativo. Mujeres que salven al mundo, que le salven la vida al presidente o, por lo menos, que se salven a sí mismas.
De vez en cuando veo cumplido mi deseo. Este año, de hecho, ocurrió varias veces. La astronauta que lucha por su sobrevivencia en “Gravity”, el tipo de película cargada de efectos especiales y que generalmente rebosa de testosterona, fue interpretada por Sandra Bullock. Y en “The Hunger Games: Catching Fire”, Jennifer Lawrence regresa en su papel de Katniss Everdeen, la estoica y determinada arquera de quien depende nada más y nada menos que la esperanza de un mañana digno de ser vivido. Las dos películas recogieron carretadas de dinero, lo que demuestra que el público no tiene ningún problema, de ningún tipo, para aceptar que una mujer indique el camino.
Pero más o menos al mismo tiempo que saboreaba este feliz giro, leí otras noticias, no tan felices. La Mujer Maravilla finalmente va en camino de la pantalla grande pero, ¡ay!, no en su propio vehículo. Está programada para ser un apéndice de Supermán y Batman en la segunda parte de “Man of Steel”. Hasta donde sé, ella andará muy apurada en la cafetería para llevarles su café con leche para después pasar a la tintorería a recoger las capas. Mientras tanto, los productores ya están rascando el fondo del barril de súper héroes en busca de semidioses que poner en primer plano y en el título. Precisamente la semana pasada, la revista de la farándula, Variety, reveló que Paul Rudd está en pláticas para interpretar al Hombre Hormiga. Sí, leyó bien: el Hombre Hormiga, después del Avispón Verde y del Hombre Araña. Quizá la Mujer Maravilla necesita ser insecto para ingresar en las Ligas Mayores. Quizá necesitaría actuar como las mantis.
Desde hace años se ha hablado, ansiado, tramado y saboteado la película de la Mujer Maravilla. El director y escritor Joss Whedon hizo un intento fallido después de haber hecho “Buffy the Vampire Slayer” en la televisión y de haber puesto a Scarlett Johansson en “The Avengers”. A estas alturas, ya no es tanto un proyecto inconcluso sino una pulla continua, una metáfora de la terca brecha de género que existe en las grandes películas de acción que rigen la taquilla; una prueba de que las cosas cambian para seguir iguales, al menos en Hollywood cuya política, superficialmente progresista, esconde un instinto comercial abrumadoramente conservador.
Pero Hollywood va a la zaga. Mary Barra llega a la cima de General Motors. Hillary Clinton domina el debate de la contienda presidencial de 2016. Diana Nyad cruza el canal entre Cuba y Cayo Hueso infestado de tiburones. El lazo dorado de la Mujer Maravilla acumula polvo en un cajón, mientras ella espera una película que pueda llamar suya.
“Ha estado en desarrollo desde el pleistoceno”, comentó la productora Lynda Obst durante un desayuno la semana pasada. No se puede escribir acerca de mujeres en el cine sin hablar con Obst. Varias de sus películas, como “Contact” y “The Siege” ponen los reflectores en sólidos personajes femeninos. En su libro recién publicado, “Sleepless in Hollywood: Tales from the New Abnormal in the Movie Business”, hace algunas observaciones incisivas sobre el sexismo en la industria cinematográfica. Y es tan aguda como una aguja. No, más aguda.
Ella observó de inmediato que en otro gran éxito de este año, “The Heat”, con Bullock como el agente principal de la FBI y Melissa McCarthy como la policía profana, vemos a actrices en un género y en papeles que suelen reservarse para actores. Empero, la industria se niega a creer que no está jugando con fuego al hacerlo así y sistemáticamente desdeña el factor femenino.
Con “The Heat”, señaló Obst, “la directiva de mercadotecnia claramente fue que era una coincidencia que hubiera vaginas en la película. Ah, ¿había vaginas? No me di cuenta.” Esto, como les dije, fue en un desayuno a media mañana. La hora feliz con Obst ha de ser de una alegría inimaginable.
Tampoco se puede escribir sobre las mujeres en el cine y no tener una plática con la actriz Geena Davis. Hace poco más de cinco años, después de haber notado la escasez de personajes femeninos en las películas que veía su hija joven, ella fundó el Instituto Geena Davis de Género en los Medios y empezó a patrocinar investigaciones sobre las imágenes que Hollywood presenta y las que no presenta.
Uno de los hallazgos más desconcertantes fue que en lasescenas de grupos y multitudes en películas para menores que ven los chicos, solo 17 por ciento de las personas son mujeres. “En términos de proporción, no hemos avanzado mucho desde Blanca Nieves y los siete enanos”, comentó Davis por teléfono. “Desde un principio les estamos enseñando a los chicos que las mujeres ocupan menos espacio.”
Agregó que las mujeres sólo tenían un 28 por ciento de los papeles con parlamentos en las películas convencionales de todo tipo y que esa cifra había avanzado en menos de uno por ciento en el curso de veinte años. A este ritmo, precisó Davis riendo, “alcanzaremos la paridad en 700 años. Quiero ser muy clara. En mi instituto estamos dedicados a reducir ese número a la mitad.”
Los papeles principales en las películas de acción son aun más raros. Y el papel principal como súper héroe es el más raro de todos: “Supergirl” en 1984, “Catwoman” en 2004, “Elektra” al año siguiente. Todas de bajo rendimiento en taquilla y Hollywood quedó escaldado, aunque la razón fue la calidad, no el género.
En cambio, en la televisión, que pone en vergüenza al cine, abundan las espías, las abogadas, las detectives, las criminólogas y las técnicas forenses. Y hay una protagonista, mujer y negra, que maneja a todo Washington en un programa llamado “Scandal”.
Allá en 1997 teníamos a “Buffy” que duró siete temporadas; en 2001 llegó “Alias” con Jennifer Garner, que duró cinco. Su creador, J.J. Adams, me dijo: “Siempre me preguntaban por qué había puesto a una mujer en el centro. Yo pienso que fue una propuesta de 50-50. ¿Por qué no una mujer? ¿Me hubieran hecho esa pregunta si el protagonista hubiera sido un hombre? Claro que no.”
La Mujer Biónica y, por supuesto, la Mujer Maravilla estuvieron en televisión aun antes de eso, en los setenta. Pero su rareza queda de relieve al señalar la dificultad de encontrar dobles femeninos. Lynda Carter, que interpretaba a la Mujer Maravilla, recientemente me dijo que el episodio piloto de la serie, “usaron a un tipo peludo – no bromeo – con una peluca y el traje. Yo les dije que eso no iba a funcionar, pues se le veían los pelos en las piernas y todo.” Lo que hicieron, agregó, fue retirar la cámara, “y hacer que se viera como un puntito”.
Ahora hay más dobles femeninos junto con otros signos de progreso. En los últimos años se ha producido una serie de películas animados – “Brave”, “Tangled”, “Frozen” – que presentan personajes femeninos fuertes, aunque su mercadotecnia, desde el título, buscó obscurecer el hecho de que están centradas en mujeres. Definitivamente, Hollywood sabe proteger sus intereses.
¿Con “The Hunger Games” le hemos dado la vuelta a la hoja de manera irrevocable? La saga es un verdadero gigante cuya estrella, Jennifer Lawrence de 23 años de edad, se niega a interpretar al estereotipo de la niñita, haciendo chistes en las entrevistas promocionales sobre sus pechos disparejos, su vejiga incontrolable y sus episodios de apuros gastrointestinales. Al igual que Katniss, ella es transformativa: una princesita y una machorra, glamorosa y terrenal, espléndida y endiabladamente talentosa. Y señala el rumbo con su ingenio, no con su cuerpo. Conozco muchas mujeres tan maravillosas como ella. Solo que no suelo verlas en las portadas de las revistas de modas o en las marquesinas de los cines. Ella es la Angelina Jolie de la próxima generación, con todas sus artimañas y ninguna de sus rarezas.
Pero ella está en una industria en que la abrumadora mayoría de los ejecutivos y directores son hombres; donde el hecho de basarse en materiales anteriores – historietas, juegos de video – significa que la disparidad de género simplemente se perpetúa; y donde las robustas ventas en taquilla de “Aliens”, “Lara Croft: Tomb Raider” e incluso “Zero Dark Thirty” no engendran todos los personajes femeninos fuertes que deberían. Los ejecutivos de los estudios tratan a esos éxitos como accidentes únicos. “Existe una amnesia colectiva”, señala Susan Cartsonis, productora veterana. “Siempre que tiene éxito una película con una mujer legendaria en el centro, es una chiripa gloriosa.”
Ni ella ni Obst se interesan mucho por la Mujer Maravilla en sí misma. Pero sí se interesan enormemente, como debe de ser, por los topes de género corporativos y por la inadecuada amplitud de lo que Hollywood les muestra a las chicas (y a los chicos), que moldea nuestra cultura con la misma fuerza con que la refleja.
“Quiero que vean a mujeres al timón, mujeres que tienen aventuras, mujeres que solucionan crisis, mujeres que corren al frente, no a esconderse”, dijo Obst. Amén. Ahora bien, ¿qué hay de esos cocteles a la hora del amigo?