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Vargas: demorado en renunciar

Luis Carvajal Basto
22 de noviembre de 2015 – 09:00 p. m.

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No se trata de si Santos y Vargas son amigos. Lo que está en juego es el respeto a la Ley, la orientación del actual gobierno y la sucesión presidencial.

La aclaración del presidente, al afirmar que es él quien maneja la chequera y no su vicepresidente, aumenta la incertidumbre sobre la continuidad de sus políticas en 2018.En las elecciones regionales el presidente no hizo guiños. Es lo que corresponde a nuestra actual legislación, que lo prohíbe, y a la diversidad de fuerzas que le han acompañado. A su decisión de conseguir la Paz como principal objetivo y, también, a que no tiene aspiraciones personales para una nueva reelección.

Pero la realidad muestra que, aparte de las declaraciones del presidente y las intenciones del Ministro del interior, la vicepresidencia, en este caso ejecutiva, diseñada en exclusiva para Vargas, nos confronta con los problemas, legales y políticos, creados por su desempeño simultáneo como candidato y altísimo funcionario.

Si Santos ha sido neutral, no se puede decir lo mismo del vicepresidente quien ha usado su cargo, sus ministerios y sus presupuestos, una figura y un poder inéditos en nuestro país, para su agenda particular como candidato presidencial. La declaración del presidente ocurre después de unas elecciones en que sus “amigos” se hicieron elegir con esa chequera, siendo un hecho político real e indiscutible. (Ver video)

La pregunta al presidente no trata de si sus relaciones con Vargas están bien o “se están cascando”, como tratan de responder ayer el editor político de El Tiempo y la columnista María Isabel Rueda. El asunto es que al interior de la Unidad Nacional subsisten dos agendas, la de las aspiraciones personales del vicepresidente y la de Santos, a quien siguen, entre otras razones por el talante Liberal de su gobierno, diversas fuerzas políticas cuyas metas y manera de entender el país son diferentes a las de Vargas.

Con frecuencia escuchamos que “los colombianos están cansados de la politiquería”; pues mayor violación e irrespeto a la Ley, la cual prohíbe la participación de los funcionarios en política, que la realizada por el vicepresidente, es difícil de encontrar, en un país en que si un servidor de menor rango hace algo parecido sería inmediatamente destituido.

Vargas está demorado en renunciar y dedicarse a su candidatura sin usar el presupuesto público, porque si su influencia le concede inmunidad e impunidad, frente a acciones por las que sería sancionado cualquier otro colombiano, no va a ocurrir lo mismo con una opinión informada que, tarde o temprano, le pasará la cuenta. Si ya ganó las elecciones regionales, como dicen sus adláteres ventrílocuos, ¿por qué se queda? ¿Serán ciertas las acusaciones de Petro sobre sus vínculos con los carteles de la contratación? Eso sería como poner al zorro a cuidar el gallinero dado el gran volumen de contratos que tienen él y los ministerios en que “reina”.

La amenaza velada, según la cual si se sale del gobierno se pasa al Uribismo, como lo da a entender un prestigioso dirigente de ese sector, don Juan Lozano, más que perjudicar a Santos o al proceso de Paz, ayudaría a aclarar la política colombiana, aunque habría que preguntar allí si recibirían a quien, luego de disfrutar las mieles del Uribismo dos periodos, dejó al ex presidente “colgado de la brocha”.

Por último, debemos considerar el tema de la sucesión presidencial en dos claros escenarios: si se firma o si no se firman los acuerdos con las FARC. Porque si se firman, como la mayoría de colombianos esperamos, es bien difícil imaginar a Vargas, ahora experto en contratar carreteras, como constructor de Paz.

@herejesyluis

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