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Me sucedió hace poco al intentar leer un artículo en la página web de un diario español; era imposible si no permitía que se desplegara en su totalidad un video comercial.
Desistí indignado. Lamentablemente la práctica es cada vez mas recurrente. Los anunciantes que pretenden asaltar como sea la atención del lector en internet les hacen un daño inmenso a sus propios productos y servicios.
Frente a esos excesos, muchos han optado por instalar en sus computadores o smartphones aplicaciones que permitan bloquear la publicidad (ad blocking), a través de un software que impide el despliegue de los anuncios comerciales en la web, para no estorbar los contenidos. Esta especie de boicot a nivel mundial por parte de los ad blockers –ya se calcula que son 200 millones– es visto por algunos como algo positivo para limpiar a internet de tanta basura y crear relaciones más transparentes entre los consumidores y las empresas.
Aparte de la elemental molestia que produce la publicidad intrusiva en internet, lo más grave es que mientras se navega –aun sin hacer clic en los anuncios– se captura información sobre el perfil de los usuarios, muchas veces en violación de la privacidad y al derecho de “atender o no atender”.
Hace unos años, gracias a la penetración exponencial de internet, muchos anunciantes se comieron el cuento de que ese medio era la manera óptima de rentabilizar la inversión publicitaria. Se suponía que una búsqueda digital tenía el potencial de alcanzar la misma audiencia del programa de televisión del más alto rating.
Se diseñaron programas informáticos con el fin de que el anuncio comercial le llegue al usuario de internet con el perfil preciso que le interesa a un determinado anunciante. Sin embargo, buena parte de la publicidad digital puede ser un fraude, el cual este año costaría más de 6.000 mil millones de dólares, conforme a cálculos de la asociación de anunciantes de Estados Unidos, según publicación reciente de Bloomberg-Bussinesweek. La trampa está en que en muchos casos se venden audiencias inexistentes, pues los comerciales no son vistos por personas, sino por computadoras que lo simulan.
@jcgomez_j