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Brasil por ser el pentacampeón y único asistente a todas las Copas del Mundo; Inglaterra por la nómina en sí y con un técnico ganador como Fabio Capello; Argentina traía juntos a Maradona y Messi; Italia y su simple condición de campeón vigente o España, el boom del momento con una Eurocopa a cuestas.
Esa era la baraja de favoritos en Sudáfrica, limitada por demás, aunque como siempre, abierta a una que otra sorpresa que nunca falta en un Mundial y la cual según los aficionados a los pronósticos, no debía salir de alguna selección del continente que por primera vez albergaba al planeta fútbol.
En definitiva, uruguayos y alemanes no fueron incluidos ni en los llamados a levantar la Copa ni en los que pudieran al menos animarla, así se advirtiera el peso histórico de los teutones. Por ningún lado se les mencionó, pero ambos, como campeones del mundo, vinieron a aparecer en la cancha, donde debe ser.
En el mejor de los casos, les ubicaban en octavos y hoy están en el cuadro de honor con méritos de sobra, porque aparte de ganar su grupo en primera fase, fueron superando la incredulidad con suficiencia y, sobre todo, con fútbol.
La celeste, por ejemplo, de ser la última de Suramérica en sellar su tiquete y por la vía del repechaje, terminó siendo la mejor no sólo de Conmebol, sino también del nuevo continente en general al ser el único no europeo en el selecto listado de cuatro.
“Si de algo estoy orgulloso es de mis jugadores, porque no se quedaron con nada y lo dieron todo hasta el final”, reconoció Óscar Wáshington Tabárez, seleccionador charrúa, quien en su segunda incursión mundialista devolvió a Uruguay al protagonismo refundido desde México 70, ya que hacía 40 años que no pisaba una semifinal.
Esa instancia, en cambio, ya se volvió costumbre en los alemanes, porque sin necesidad de ir tan lejos, en las últimas tres citas orbitales siempre pelearon hasta el final: en Corea y Japón 2002 fueron subcampeones, cuatro años atrás como anfitriones terminaron terceros y ahora en Sudáfrica como mínimo serán cuartos.
El bronce en sí sería un reconocimiento a dignas campañas, pero además está el duelo de dos artilleros de clase mundial que correspondieron a tal rótulo y que pueden pelearles la bota dorada a David Villa y Wesley Sneijder, actuales goleadores del mundial con cinco festejos.
Diego Forlán y Miroslav Klose suman cuatro cada uno y querrán irse con un reconocimiento adicional, aunque este último tiene tal vez la última oportunidad de darle alcance a Ronaldo o, por qué no, convertirse en el máximo artillero de los mundiales si marca dupleta.
“Yo quería era el título, lo demás no me importaba en realidad”, dijo con resignación el delantero de origen polaco, quien es duda para el encuentro debido a una molestia en la espalda.
Klose está de salida, pero Alemania cuenta desde ya con una generación que promete y que además entiende que ganar no es un fin, sino parte de su estilo, el cual espera patentarlo esta tarde porque, más allá del tercer lugar, el prestigio está en juego, así cada cual haya cumplido hace rato en Sudáfrica.