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Cuando se vive para saltar en aguas abiertas, con el riesgo que eso conlleva, y más cuando por mucho tiempo se estuvo en lo más alto, tomar la decisión de decir adiós implica sí o sí un huracán de emociones. Ese día llegó para Orlando Duque en septiembre de 2019, en Bilbao (España), cuando saltó al vacío por última vez.
A 27 metros del agua, la gente lo vitoreaba, sus colegas, que durante mucho tiempo fueron rivales, le aplaudían y le animaban. Red Bull, su patrocinador, había repartido máscaras con su rostro e incluso los buceadores que están para su seguridad estaban usándolas. Al ver todo eso, Orlando, entonces de 45 años, sintió que la emoción lo desbordaba hasta las lágrimas. “No voy a llorar”, se dijo y dio el salto.
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En la caída, no pensó mucho en que ese era el desenlace de su carrera como profesional, por más que fuera el último salto, no dejaban de ser él contra la gravedad, la velocidad y el riesgo que una distancia de 27 metros de altura involucra. En su ruta hacia el agua todo fue concentración, pero una vez impactó con la superficie del mar, estalló en alegría, tanto suya como del público.
“No era una situación triste ni nada, sino que estábamos celebrando una carrera exitosa y que hayamos podido ponerle fin en nuestros términos, que eso es importante también”, reflexiona Orlando a tres años de ese último salto. Tan pronto llegó a la orilla, abrazó a su esposa, junto con quien tomó la decisión de dejar la actividad profesional cuatro años antes.
En el 2015, Orlando y ella analizaron varios factores como su edad, las lesiones, cómo iba la carrera y vieron lo que estaba pendiente. Se dijeron que en cuatro años iban, como equipo, a completar lo que hacía falta y que 2019 iba a ser la última temporada del show. La decisión no fue de la noche a la mañana, sino que fue chequeando competencias, campeonato mundiales y pendientes para decir adiós al deporte en el que se consagró.
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Pese a que ya no salta profesionalmente, Orlando sigue muy vinculado con su deporte. Luego de su retiro cayó la pandemia y cancelaron todas las competencias del circuito. Cuando se reactivó el sector lo llamaron para que liderara un proyecto y trabajara codo a codo con la Serie Mundial, desde entonces participa en todos los eventos.
Ese nuevo rol hizo que su transición fuera más fácil. Ahora trabaja desde la parte estratégica, en los entrenamientos de sus otrora colegas y siente que está más involucrado que cuando era profesional. ”Antes como competidor, yo estoy enfocado solo en lo mío. Ahora tenía la oportunidad de estar metido en muchas cosas”, destacó.
Este año en particular ha tenido la fortuna de que los clavadistas se le acerquen y les puede compartir consejos y experiencias con una cercanía que no había experimentado antes. Sabe que ya no lo ven como un rival a vencer, sino como un aliado que quiere lo mejor para ellos.
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Les gusta impulsarlos y aterrizarlos cuando es necesario. “Todos los jóvenes quieren los que Orlando Duque tuvo con años en su primer torneo”. Para él es importante recordarles que detrás del éxito hay años de proceso. Le gusta trabajar la parte mental para enseñarles a rendir bajo presión. Asegura que él fue un afortunado al contar con un equipo de profesionales cuando compitió y espera que sus pupilos puedan contar con esas facilidades también a través suyo.
Antes, vivía entre Austria y Estados Unidos, pero gracias al retiro pudo regresar a Cali con su esposa. La virtualidad le ha permitido reconectarse con su ciudad natal y estar al tanto de los procesos de los talentos que asesora a lo largo del mundo.
Orlando es feliz con su nuevo rol y no extraña competir. Saltar, lo hace cuando puede, dejar la práctica profesional no implica dejar de hacer lo que más le gusta. A tres años de su último salto, es feliz ayudando a otras a dar sus primeros clavados desde grandes alturas.
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