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¿Cuántas curules a las Farc?

Luis Carvajal Basto
15 de noviembre de 2015 – 09:00 p. m.

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Serían entre 8 y 16. Una mayoría ciudadana se resiste porque el punto más débil de la negociación, aparte de su ya larga duración, es la división política y ciudadana que persiste, pero son indispensables para su transformación en movimiento político.

La utilización de la tragedia en París para deslegitimar el proceso de Paz, como hizo la representante Paloma Valencia, es una mala señal de lo lejos que estamos de una Paz ciudadana. Esta vez el pretexto fueron centenares de muertos como parte de una guerra milenaria y absurda sustentada, una y otra vez, en el fanatismo de cruzadas y yihad, que también se expresa aquí en voces como la que pide, de entrada, 40 curules para las FARC (¿Cuántas para el Eln?) o trina, con ironía inexplicable, cosas como “Urgente enviar a Paris a De la Calle, Sergio Jaramillo, grales Mora y Naranjo, a negociar con los yihadistas. Ellos arreglarán el problema!”

En Colombia, luego de siete millones de desplazados, más del doble que en Siria, estamos encontrando la manera de desmontar la guerra. Con ello no se solucionarán todos nuestros problemas, pero, sin duda, avanzaremos, como lo hicimos al desactivar las organizaciones paramilitares ahora transformadas en Bacrim.

Al concentrar esfuerzos en La Habana y la comunidad internacional, hemos dado poca importancia al desarme de la confrontación política y ciudadana interna. Esta es, hasta ahora, la gran falla del proceso de Paz que necesitaría un jefe de debate y una estrategia de sensibilización en Colombia. Cifras como las que muestra la encuesta de Gallup la semana anterior no se pueden desestimar: Si bien 60% de la población está ahora de acuerdo con los diálogos; 69% con las negociaciones y 52% piensa que serán exitosas, un 81% está en desacuerdo con la participación en política de las FARC sin pagar cárcel. Es de allí que resulta la consigna de una paz sin impunidad que promueve el Centro Democrático. Una manera de decir “si pero no”, que en la práctica concluye en una sin salida. Se trata de cambiar armas por votos y eso implica reconocer y promover la participación de las FARC. ¿Sin impunidad? Pues claro, pero existen muchas formas de castigo que consideren las normas de la Corte Penal Internacional. Se trata de acuerdos, no de venganza.

Situado en la arena de política y negociación reales, el gobierno recurre a herramientas como la reducción del umbral para el plebiscito que refrendaría los acuerdos, un compromiso que sin ser legalmente indispensable, porque la Paz es un mandato constitucional y está plenamente facultado, los reafirmaría y consolidaría. No se trata de una “Bufonada”, como dijo ayer el columnista Mauricio Vargas: después del plebiscito tendremos un mandato, el que sea, perentorio. Estamos cerrando una negociación y otra cosa será resolver nuestra históricamente baja participación electoral o “arandelas”, como las del proceso con el M19 que dejo a militares en la cárcel y guerrilleros en Libertad.

En este punto: ¿De qué tamaño podrían ser las curules a las FARC como resultado de la negociación? Dos factores deben ser considerados: 1) La condición militar de las fuerzas en conflicto y 2) el sustento popular o legitimidad ciudadana entre ellas.

El referente no es solo la historia, como dijo ayer el columnista León Valencia. A estas alturas se trata de pragmatismo y matemáticas. Las FARC deben asimilar que han llegado a la mesa luego de su derrota política, lo que no les concede en ninguna medición de la opinión una cifra mejor que el 6% de la reciente encuesta Gallup y les daría, milimétricamente, sobre 268, hasta 16 curules en el mejor escenario. En el peor 8, partiendo del 1% al 3% de aprobación que han tenido los últimos 15 años.

@herejesyluis

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