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Cuando la victoria se convierte en costumbre, cualquier tropiezo, por mínimo que sea, puede ser suficiente para caer y no levantarse jamás. Este viernes, Brasil trastabilló un par de ocasiones en el estadio Nelson Mandela Bay, de Puerto Elizabeth, y terminó cayendo al abismo después de que parecía continuar su caravana hacia Johannesburgo.
Todo era festejo auriverde, más después de que Robinho apuntara sus índices al cielo por segunda vez en Sudáfrica, lo cual despejaba el horizonte muy temprano y, como un pleno amanecer, ya se avizoraba Ciudad del Cabo, penúltima y obligatoria parada en el camino que habían convertido en autopista cuatro victorias en línea.
Dunga, como pocas veces, sonreía y le sobraba frotarse las manos porque Holanda, antes que “mecánica”, era una ‘Naranja’ demasiado dulce y Kaká estuvo cerca de exprimirla por completo con una postal que terminó pintando Maarten Stekelenburg, gracias a una volada pocas veces vista y bastante aplaudida.
Quién lo creyera, pero ese desafío a la gravedad, aparte de darles trabajo a los fotógrafos, cambiaría el rumbo de la ruta porque le dio alas a los que parecían tenerlas cortadas y desplomó por completo al 10 brasileño.
El fútbol a cuenta gotas que mostraba la estrella del Real Madrid terminó extinguiéndose después del entretiempo, mientras que los que sacó Florentino Pérez por darle espacio al ex del Milan en el Bernabéu, aparecieron con todo su esplendor y cuando más lo necesitaba la ‘Oranje’: Arjen Robben y Wesley Sneijder.
Los dos dueños del talento holandés jugaban contra el resultado, el tiempo y, por supuesto, el favoritismo ajeno, pero el propio Julio César los convencería de que era posible la remontada porque el mejor arquero del mundo, quien venía de ganarlo todo con el Inter, en la única equivocación del Mundial, lo echó absolutamente todo a perder.
A diferencia de Stekelenburg, voló en vano, permitió el empate y se llenó de tanto temor, que en un siguiente centro prefirió quedarse debajo de los palos y ver cómo Sneijder, el más bajito de los 46 jugadores inscritos este viernes, con sus 1.70 metros, cabeceaba sin oposición alguna y enviaba de regreso a la canarinha.
Y cabeza fue la que le faltó a Felipe Melo, a quien le costará superar lo de este viernes porque en su reaparición, asistió a Robinho, no habló con Julio César en el uno a uno, descuidó después a su marca en la ventaja naranja y, para completar, agredió sin necesidad a Robben para irse a los vestuarios antes de tiempo y acelerar de paso el adiós del pentacampeón.
Entonces, la jerarquía que parecía estar cosida a la camiseta auriverde fue lo que faltó a los de Dunga para reaccionar y le sobró a los de Van Marwijk, que le dieron vuelta al marcador y regresan con méritos a una semifinal mundialista, algo que no experimentaban desde Francia 98, cuando justamente Brasil les privó de llegar a Saint Denis.
La revancha llegó y Holanda aplazó, por segunda vez, el sueño del ‘Hexa’, el cual deberá ser obligación dentro de cuatro años cuando la Copa llegue a casa de los brasileños, quienes vinieron de safari a Sudáfrica y terminaron siendo cazados por el exceso de confianza o soberbia, que llaman.