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La nueva Cali

Mario Fernando Prado
12 de noviembre de 2015 – 10:05 p. m.

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Nuevos y revovados aires se respiran en la capital vallecaucana.

Luego de unos comicios en los que ganó limpia y contundentemente un empresario con sentido social totalmente ajeno a la politiquería y sus corruptelas, Cali se apresta a recibir a Maurice Armitage gracias en su mayoría a los votos de opinión provenientes de todos los estratos sociales.

Tras la juiciosa administración del médico epidemiológico Rodrigo Guerrero, que será recordada no solo por haber puesto la casa en orden, sino por pensar, planificar y comenzar a ejecutar la ciudad del futuro, el panorama es esperanzador.

Pese a los problemas que ya son endémicos en las grandes capitales, como por ejemplo la movilidad, la seguridad, la exclusión y todo ese rosario de males que no fueron atacados en su momento por algunos alcaldes que antecedieron al que entregará el mando el próximo primero de enero, Cali vive un momento histórico que no se puede desaprovechar.

Por una parte, las finanzas están saneadas lo cual significa la nueva posibilidad de un endeudamiento responsable y serio. Por otra, va a haber plata en caja —se cree que medio billón de pesos— y además hay proyectos que están marchando y que no van a tener reversa; se ha logrado recobrar la credibilidad tras años de cantinflescas administraciones en las que hoy se decía una cosa y mañana todo lo contrario y así sucesivamente.

Sin embargo, los retos de Armitage son bien difíciles. Uno de ellos es la situación de la empresa de servicios públicos Emcali que sigue atravesando un día a día bastante complicado y que hace urgente una reingeniería que le permita volver a ser el modelo que antes venían los paisas a copiar. Otro, la urgencia de una autogeneración de energía que actualmente debe comprarse a los mismos paisas, y otra, entre otras, la creciente carencia del agua que necesitan los casi dos millones de habitantes de la tercera ciudad colombiana.

Colombia está volviendo a poner los ojos en la bien llamada capital deportiva, la ciudad alegre y hospitalaria, la que baila, canta y encanta, el otrora cruce de caminos, que le ha permitido gozar de una variopinta multietnia y en donde, como reza su himno, “nadie es extraño, ni esclavo y es hermoso, nacer y vivir”.

Ciertamente hay una nueva Cali: ¿Cuándo venís, ve?

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