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Fifa le da de comer a la violencia

Hace 44 años,  la Inglaterra dirigida astutamente por Sir Alf Ramsey empataba con Alemania Occidental 2-2 en la final del Mundial de 1966.

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En la prórroga Geoff Hurst estrelló un remate en el horizontal, el balón nunca entró y el árbitro suizo Gottfried Dienst, consentido de la Fifa, lo validó. Los ingleses ganaron 4-2 la Copa del Mundo, que se recordará siempre por los favores que recibió el local.

Ayer en Sudáfrica pasó lo mismo pero al revés. Un remate de Lampard a los 38 minutos golpeó el horizontal, bajó y se metió, el balón ingresó por lo menos 20 centímetros y no lo ven ni el árbitro Larrionda ni su asistente. Era gol legítimo. Inglaterra, que empezó perdiendo 2-0, con ese tanto igualaba 2-2 y quién sabe cómo habría cambiado la historia.

Al final Alemania, que jugó mejor y fue más en la cancha, venció 4-1, aprovechó el desconcierto de los ingleses y neutralizó con efectividad el segundo aire del equipo de Capello, que estrelló tres balones en los palos y no tuvo acierto en las oportunidades generadas.

Fue un partidazo, tal vez el mejor del Mundial, entre dos grandes de la historia que dará mucho de que hablar, no por su fútbol ni por los goles ni por la claridad de Oezil o la certeza de Muller, sino por lo que pudo ser y no fue si el juez uruguayo valida el gol legal de los ingleses para el empate.

Hacía 56 años que Inglaterra no concedía cuatro goles en un Mundial. En 1954 perdió 4-2 con Uruguay. Pero eso sólo será anécdota porque la polémica hoy se avivará más que nunca para que se utilicen recursos electrónicos con el propósito de acercar este juego a la justicia arbitral, pues a la justicia deportiva jamás se podrá aproximar, ya que lo inesperado hace del fútbol el espectáculo más universal que existe.

Alguna vez dijo Joao Havelange: “La Fifa le sigue apostando al error humano”. De continuar así van a morir en la equivocación y en el atraso. Creer que la verdad es la negación de la tecnología en pleno siglo XXI, favoreciendo la trampa, como en el gol que clasificó a Francia ante Irlanda del Norte, o validando la injusticia, como ayer en Bloemfontein, es atentar contra la armonía natural de la vida y alimentar injustificadamente la violencia.

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